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Inicio > Historias > Barcos en la arena: el Mar de Aral y la memoria de un mar perdido
| Barcos en la arena: el Mar de Aral y la memoria de un mar perdido |
2025-07-30 |
En el año 2015 empecé mis colaboraciones de ese año en Onda Cero en el programa de Eduardo Yáñez, «déjame que te cuente», con nuevas ganas de hablar de ciencia y tecnología. Lo único que conservo es la «agenda de trabajo» y unas breves notas. A partir de ellas voy a ir haciendo nuevas entradas, basándome en aquella notas y señalando en qué me equivoqué, cuando me equivoqué
Hace unos pocos años viajé a Uzbekistán. Entre las mezquitas de Samarcanda y los bazares de Bujará, me quedó una espina clavada: no pude visitar los barcos varados del Mar de Aral. Aquellos esqueletos de acero oxidado, encallados en la arena como si esperaran una marea que nunca volverá, me siguen fascinando. Son testigos mudos de una de las mayores catástrofes medioambientales del siglo XX.
El mar que se convirtió en desierto
El Mar de Aral, situado entre Uzbekistán y Kazajistán, fue en su día el cuarto lago más grande del mundo. Pero en los años 60, la Unión Soviética decidió desviar los ríos Amu Daria y Syr Daria para irrigar cultivos de algodón. El resultado fue devastador: el mar comenzó a secarse a un ritmo alarmante. Hoy, su superficie se ha reducido a menos del 10% de lo que fue.
Al rodar por las carreteras de Uzbekistán pude ver los inmensos campos de algodón, los culpables de que el «mar» de Aral se convirtiera en un «lago menguante».
Donde antes había agua, ahora hay polvo salino, pesticidas y tormentas tóxicas. Las comunidades pesqueras desaparecieron, y con ellas, una forma de vida.
Moynaq: la ciudad de los barcos fantasma
En Uzbekistán, el pueblo de Moynaq era un puerto pesquero vibrante. Hoy está a más de cien kilómetros del agua. En su antiguo puerto, los barcos oxidados descansan sobre la arena del desierto de Aralkum. Algunos se pueden visitar, subir a ellos, tocar el metal corroído por el tiempo. Es como caminar por un museo al aire libre de la arrogancia humana.
La imagen es surrealista: barcos que parecen náufragos de una fiesta que terminó hace décadas. Como escribió un periodista, «son como borrachos que no saben cuándo acabó la fiesta y se quedaron solos en una esquina del salón».
Más que paisaje: impacto humano y ambiental
La desaparición del Mar de Aral no solo transformó el paisaje. También cambió el clima local, aumentó la salinidad del suelo, y provocó enfermedades respiratorias y renales en la población. El polvo tóxico, cargado de pesticidas y sal, se levanta con el viento y se extiende por kilómetros.
¿Hay esperanza?
Sí, aunque parcial. Kazajistán ha logrado recuperar parte del Mar de Aral Norte gracias a la presa de Kokaral. La pesca ha vuelto tímidamente, y el nivel del agua ha subido. Pero la parte sur, en Uzbekistán, sigue siendo un desierto salino.
Se están plantando millones de hectáreas de saksaul, una planta resistente que ayuda a frenar las tormentas de polvo. Es un intento de devolver algo de vida a una tierra que fue mar.
¿Y yo? Me quedé sin ver los barcos, pero no sin sentir su historia. Algún día volveré a Moynaq. No por nostalgia, sino por respeto. Porque esos barcos no están varados: están esperando que contemos lo que pasó.
Enviado por flexarorion a las 07:15 | 0 Comentarios | Enlace
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