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Inicio > Historias > Mis contribuciones al programa del excelente director de radio Eduardo Yáñez
| Mis contribuciones al programa del excelente director de radio Eduardo Yáñez |
2025-07-20 |
En el año 2013 di la vuelta al mundo en barco. Semanalmente mandaba un «quesito» a Onda Cero, al programa de Eduardo Yáñez, «déjame que te cuente», sobre mi experiencia. Por desgracia he perdido algunos de ellos. Ir con el ordenador por ciertos sitios para lograr un wifi para mandar mi colaboración era complicado. En otros sitios facilísimo (como en los McDonalds o en los Starbucks). A continuación, mando una de mis colaboraciones. La he obtenido de la transcripción de voz a datos de Google. Y he modificado algunas cosas, pues no es lo mismo lo escrito que lo hablado
En las entradas anteriores he adaptado al formato escrito mis colaboraciones en el programa «Déjame que te cuente», mientras daba la vuelta al mundo en barco.
El viaje duró cuatro meses, y lo que envié a Eduardo fue apenas una pequeña muestra de todo lo que escribí y publiqué durante la travesía.
Eduardo es un verdadero genio del sonido. Su voz es espectacular. Lo contraté para un doblaje y el resultado fue espléndido… aunque de eso hablaré en otra ocasión (si no muero antes, claro).
Las entradas que mandé a Eduardo, desde los rincones más inverosímiles del planeta, tienen algo especial.
Aunque, dicho sea de paso, mis colaboraciones desde Rusia y otros lugares para Radio Nacional de España tampoco se quedaron cortas:
desde una isla desierta en el lago Ladoga,
desde una cervecería en San Petersburgo,
desde un quiosco de playa en Malasia,
desde el estrecho de Malaca, desde un restaurante colectivo en Singapur…
Aun así, siempre me he sentido especialmente satisfecho con lo que he hecho en Onda Cero.
Treinta y cinco años de colaboración son difíciles de olvidar.
Pero no solo con Onda Cero.
Ahora mismo me viene a la cabeza aquel programa en la playa de la Concha, con Pedro Martín (a quien considero el inventor —o al menos el principal responsable— de ese nombre aberrante llamado «pintxo». Recuerdo en mis incursiones por los alrededores de la plaza de Santana de Madrid, en los sitios donde con la bebida te daban un palillo (un pincho) y pagabas por el número de pinchos. Pedro Martín tuvo la osadía (que triunfó) de decir que eso una invención Donostiarra. ¡Que no, coño, Pedro, era muy anterior!).
Lo que quiero decir es que las entradas anteriores apenas han arañado la superficie.
En ellas he intentado construir !postales científicas!. Pero, en realidad, lo que más me ha influido han sido las postales humanas.
No pretendo extenderme ni ser exhaustivo, pero no puedo dejar de mencionar a una pareja de españoles que conocimos en Los Ángeles.
Ella era profesora, él también, pero a él le habían diagnosticado una enfermedad degenerativa que le dejaría ciego en cuestión de meses.
Nos hicimos muy amigos, compartimos muchas experiencias, y en más de una ocasión mis intervenciones en Onda Cero o Radio Nacional fueron posibles gracias a ellos:
recuerdo levantarme a las tres de la mañana para buscar una conexión aceptable… que ellos pagaban.
¡Gracias, amigos!
A él lo llamaré “Eloy”, aunque ese no sea su nombre real.
Antes de quedarse ciego, Eloy quería ver unas cuantas cosas.
Ya he contado que desde Los Ángeles se unieron a nuestro grupo; una de sus metas era ver el volcán Krakatoa.
Cuando dejamos atrás Australia y nos dirigimos al norte, tuvimos que atravesar el estrecho de Sonda entre las islas de Java y Sumatra, en Indonesia, una región de intensa actividad tectónica donde convergen las placas indoaustraliana y euroasiática.
La erupción de 1883 fue una explosión legendaria:
• El 27 de agosto, Krakatoa protagonizó una erupción cataclísmica que destruyó gran parte del archipiélago.
• La explosión liberó una energía estimada en 350 megatones, unas 23.000 veces más potente que la bomba de Hiroshima.
• El sonido fue tan intenso que se escuchó a más de 5.000 kilómetros de distancia; es el más alto registrado en la historia.
• Los tsunamis posteriores alcanzaron hasta 40 metros de altura, arrasando 163 aldeas y causando la muerte de más de 36.000 personas.
• La ceniza volcánica se elevó hasta los 80 km y provocó un enfriamiento global de más de 1°C durante varios años.
Cuando finalmente estuvimos frente al Krakatoa, Eloy y yo miramos aquel monte legendario. Nos pareció… una montañita inofensiva.
¿Cómo podía esa colina haber sido el origen de una de las mayores catástrofes volcánicas de la historia?
Yo me sentí decepcionado.
Pero Eloy no.
Eloy había visto lo que quería antes de quedarse ciego.
También me gustaría hablarles de nuestra llegada Bombay y la búsqueda de unos españoles de una "pastilla" muy superior a la Viagra... y sus extrañas consecuencias sobre el hinduismo como religion monoteísta. ¿Y tal vez de un asesinato?
PERO de ese hablaré en otro momento.
Enviado por flexarorion a las 08:00 | 0 Comentarios | Enlace
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