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Inicio > Historias > Tequila y dramaturgos: el alma de Puerto Vallarta
| Tequila y dramaturgos: el alma de Puerto Vallarta |
2025-07-14 |
En el año 2013 di la vuelta al mundo en barco. Semanalmente mandaba un "quesito" a Onda Cero, al programa de Eduardo Yáñez, "Déjame que te cuente", sobre mi experiencia. Por desgracia he perdido algunos de ellos. Ir con el ordenador por ciertos sitios para lograr un wifi para mandar mi colaboración era complicado. En otros sitios facilísimo (como en los McDonalds o en los Starbucks). A continuación, mando una de mis colaboraciones. La he obtenido de la transcripción de voz a datos de Google. Y he modificado algunas cosas, pues no es lo mismo lo escrito que lo hablado
Hola, buenas noches.
Hace unos días que pasamos por Puerto Vallarta, en el sur de México, camino de Cabo San Lucas. Muchos oyentes sabrán que Puerto Vallarta es hoy un importante centro de veraneo, con playas de arena fina, temperaturas cálidas y ese ambiente vacacional que todos asociamos con el Pacífico mexicano.
Pero lo interesante es que hace no tanto, Puerto Vallarta no era más que un pequeño pueblo de pescadores… hasta que un acontecimiento lo transformó. El célebre dramaturgo Tennessee Williams escribió una obra que sería la semilla de una adaptación cinematográfica icónica: «La noche de la iguana», dirigida por John Huston en 1964. El rodaje tuvo lugar en Puerto Vallarta, y atrajo a estrellas como Richard Burton y Ava Gardner, convirtiendo el lugar en foco de atención internacional. Para rematar la fama del destino, la serie de televisión Vacaciones en el mar solía cerrar sus episodios allí.
Hoy no quiero hablar de las playas, sino de una experiencia más íntima: he aprovechado nuestra parada para visitar una pequeña fábrica de tequila.
Como en tantas culturas, la gente ha sabido usar lo que la naturaleza les ofrece para crear su propia bebida alcohólica. En este caso, lo que hay son cactus, y el tequila se hace con el agave azul.
Yo, desde mi falta de experiencia botánica, comenté que el agave me recuerda al aloe vera. Uno de mis compañeros se escandalizó: «¡No se parecen en nada!» Tal vez no, aunque la silueta sí me lo evoca.
Existe otro tipo, el agave verde, que también puede fermentarse, pero produce un alcohol de mala calidad, causante de dolor de cabeza. El tequila verdadero, el bueno, se hace del agave azul, que como su nombre indica, tiene un ligero tono azulado.
El proceso es artesanal, pero fascinante:
• Se cortan las hojas, dejando el corazón central, como una gran «piña».
• Ese corazón se machaca y se extrae un jugo rico en azúcares.
• Se deja fermentar unos días, obteniendo un vino de agave, de baja graduación y no muy agradable al paladar.
• Luego se destila en un alambique, que simplemente calienta y condensa los vapores resultantes. El alcohol se evapora antes que el resto, y al condensarlo, obtenemos el tequila.
Pero atención: esto no se debe hacer en casa. El primer tercio de alcohol que se extrae es metanol, no etanol, y puede causar ceguera o incluso la muerte. Así que, mejor dejarlo en manos de quienes saben.
En resumen, el tequila es simplemente un vino de cactus destilado, y como tantas cosas mexicanas, tiene una historia tan profunda como festiva.
Eso es todo por hoy. En mi próxima intervención, compartiré más historias de esta travesía que sigue dejándome asombrado. Se me olvidaba, en la fábrica nos ofrecieron una degustación, y, cómo no, compramos un par de bottelas. ¡Chin chin, à votre santé!
Enviado por flexarorion a las 08:20 | 0 Comentarios | Enlace
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