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La ley de Moore y el futuro que nos espera 2025-07-13

Tras dar la vuelta al mundo tuve unos meses de reflexión, de ordenar fotos, de releer los cuadernos que había escrito, etc. El día 25 de junio de 2014, volví a las ondas, en el programa dirigido por Eduardo Yáñez, que se llama "Déjame que te cuente". He recuperado el audio de unos DVD que tenía mi padre, que era uno de mis oyentes (no sé si tenía algún otro). La recuperación ha sido muy problemática. La he tenido que corregir. Esta es la versión corregida, que no coincide exactamente con lo que dije, pero la idea general es correcta.


Emitido 25 de junio de 2014

Hola a todos. Por motivos personales que no vienen al caso, he estado unos meses sin estar en contacto con vosotros. Hoy retomo esa conexión, y estoy realmente contento por ello.

Para celebrar mi vuelta, quiero hablaros del optimismo, del optimismo hacia el futuro. Pero no se trata de un optimismo vacío, sino de un optimismo razonado.

Para ello, os pido que penséis en lo que se conoce como la Ley de Moore. Esta ley fue enunciada por uno de los fundadores de Intel, la empresa que fabrica los chips de la mayoría de nuestros ordenadores. Gordon Moore se dio cuenta de que en el mundo de la electrónica, aproximadamente cada año y medio —o cada dos años según las estimaciones actuales— se duplicaba la capacidad tecnológica manteniendo el mismo precio.

Esta idea, que a primera vista parece no tener grandes implicaciones, resulta ser revolucionaria. Pensemos en un ejemplo: si salgo de casa y doy pasos de un metro, tras 30 pasos habré recorrido 30 metros. Pero si cada paso duplica la longitud del anterior —el primero es de 1 metro, el segundo de 2, el tercero de 4, y así sucesivamente— al llegar al paso número 30 habría recorrido ¡más de 500 millones de metros!

Algo similar ha ocurrido con la capacidad de cálculo. Desde el año 1900 hasta 2014, han pasado 114 años, lo que equivale a 57 ciclos de duplicación (si consideramos uno cada dos años). Esto significa que lo que en 1900 costaba un euro hoy nos proporciona 50.000 billones (billones españoles: 10 elevado a 12) de cálculos.

Y no solo ocurre con los procesadores. Lo mismo pasa con las memorias, los discos duros, el ancho de banda... todo mejora exponencialmente.

Lo fascinante es que cada vez más cosas se están convirtiendo en informática. La investigación científica, por ejemplo, depende enormemente de ella. Si la informática se duplica cada dos años, también lo hace la capacidad de investigación.

Pensemos ahora en dos aspectos que nos afectan a todos: la farmacología y la medicina. Antes, desarrollar un fármaco requería años de trabajo y muchos intentos fallidos. Hoy en día, algoritmos informáticos pueden analizar estructuras moleculares y sugerir compuestos prometedores. La medicina también está viviendo una revolución: diagnósticos más precisos, herramientas más potentes y operaciones asistidas por robots.

Si todo esto sigue duplicándose cada dos años, el resultado es asombroso. En muy poco tiempo podríamos tener medicinas accesibles y una atención médica de alta calidad a precios reducidos.

Así que sí, yo veo el futuro con optimismo. Gracias, en parte, a la ley de Gordon Moore.

Nada más por hoy. Hasta mañana.

Adenda 2025

Leído esto, hoy me hace pensar que pequé de optimista. Aunque tal vez merezca una reflexión.

Mi optimismo de 2014 tenía fundamentos sólidos: la Ley de Moore, el crecimiento exponencial de la informática, los avances en medicina y farmacología… todo apuntaba a un futuro más próspero. Y en muchos aspectos, no me equivoqué: la tecnología ha avanzado de forma vertiginosa, y hay más conocimiento, conectividad y capacidad de diagnóstico que nunca.

Pero hay factores que no se comportan como los transistores dentro de un chip:

La desigualdad ha aumentado

Aunque la riqueza global ha crecido, su distribución se ha vuelto más desigual. En España, por ejemplo, los más ricos ganan hasta 64 veces más que la media. A nivel mundial, el 1 % más rico acumula tanta riqueza como el 95 % restante. La concentración de capital y poder ha frenado el impacto positivo que esperaba.

La felicidad no sigue al PIB

El Informe Mundial de la Felicidad 2025 muestra que países como EE. UU., Francia o Alemania han descendido en el ranking. España también ha bajado posiciones. ¿La razón? Más soledad, menos confianza social, y una desconexión entre el progreso material y el bienestar emocional.

Crisis inesperadas

La pandemia, la guerra en Ucrania, la inflación e hipersensibilidad, creada artificialmente, sobre el llamado Cambio Climático han cambiado las reglas juego. Muchos avances se han visto ralentizados o desviados hacia la gestión de emergencias. La enorme insistencia en disminuir las emisiones de Co2, viendo ta solo una parte del proceso y no viendo el panorama completo nos han llevado a decisiones absurdas. Por ejemplo, el coche eléctrico, se ha insistido en que no contamina. Veámoslo en su totalidad, no contamina en la ciudad donde circula, pero sí contamina en la producción del coche, en la producción de sus baterías y en la producción de la electricidad. Por lo tanto, eso de que no contamina es mentira. Recuerdo que fue más o menos en 2010 cuando tuve un cara a cara con el alcalde de San Sebastián Odón Elorza. Bueno, lo de cara a cara es un decir, pues él estaba en los estudios de televisión en San Sebastián y yo estaba en La Coruña. Él decía que el coche eléctrico no contaminaba y yo decía que sí que contaminaba. Tal vez menos que el de gasoil, pero que en toda su vida contaminaba mucho. Es decir, Odón Elorza solo se quedó con parte de la película. No vio el panorama completo: el ciclo de vida completo de un coche. Incluso estudios recientes nos dicen que ciertos coches diésel, si consideramos todo su ciclo de vida, contaminan menos que los eléctricos.

Por desgracia, casi nadie hace un estudio completo. Soy consciente de que en ciudades como Madrid, la contaminación de los coches hace la atmósfera bastante irrespirable. Entonces, bajo esa premisa, si se obliga a que los coches sean eléctricos, lo entiendo y me parece razonable. Los eléctricos contaminan menos la atmósfera que respiran los madrileños. Por tanto, estaría de acuerdo en obligar a que los coches en Madrid capital fueran eléctricos (siempre que se lograra solucionar el terrible problema de cómo llevar las enormes potencias eléctricas que se necesitan para cargar los coches, lo que no es un problema nada sencillo: tal vez estaciones de carga rápida con una minicentral nuclear al lado). Pero lo que parece irresponsable es decir que es «por el Cambio Climático» (lo que es falso).

Del mismo modo quedaría sumamente agradecido que en las ciudades prohibiesen las motos de combustión interna y obligasen a que fueran eléctricas, pero no por el Cambio Climático, sino por el estruendoso ruido que producen las puñeteras motos de combustión interna. El ruido es una gran contaminación.

La tecnología no es neutral

Aunque la informática se ha duplicado cada dos años, su aplicación no siempre ha sido equitativa. La automatización ha creado riqueza, pero también ha desplazado empleos. La IA tiene potencial, pero también genera incertidumbre sobre el futuro laboral. Y no, no estoy promoviendo un ludismo. Lo que tenemos que hacer es pararnos a reflexionar. Ya no me valen conceptos disparatados de izquierdas o derechas, hay que pensar en cómo la humanidad puede sacar provecho de los avances, pero que no se queden para unos pocos, sino para todos. No tengo ni la más p4ta idea de cómo lograrlo, por eso digo que hay que reflexionar, sin lastres ideológicos. Lo que era bueno para el siglo XIX es nefasto para el XXI. No sé cómo hacerlo, pero sé que si lo queremos podemos lograrlo.

La medicina ha avanzado, pero no para todos

Sí, hay terapias genéticas, cirugía robótica y diagnósticos por IA. Pero el acceso sigue siendo desigual. En muchos países, la atención médica de calidad sigue siendo un lujo.

En España, la atención médica desde 2014 a hoy ha sufrido un empeoramiento drástico. Sobre todo, las colas han crecido enormemente tanto en la sanidad pública como en la privada (aunque la privada es algo mejor). La falta de profesionales es terrorífica. No hay médicos, ni enfermeras. Lo cual tiene muchas causas, no hay una única. Hay una falta de profesionales pues los mayores se jubilan y no hay reemplazo poblacional. La disminución de natalidad es uno de los grandes culpables. Pero también hay una culpabilidad social. Antes un médico era una autoridad, ahora cualquier paciente puede ofenderles y poner quejas que pueden acabar con su carrera. Han pasado de ser una autoridad (en su campo) respetada a ser vilipendiados. Ahora no se admite que un médico es humano y como tal puede equivocarse. Reivindico que los médicos son humanos Reivindico que cómo humanos pueden equivocarse. Si se equivocan de buena fe, no hay razón alguna para llevarlos a los tribunales. En caso contrario ocurre lo que empieza a observar, el médico de cabecera rara vez "se moja", te manda al especialista. Estoy convencido que, en una situación social menos hostil, el médico de cabecera podría solucionar miles de problemas sin acudir al "especialista", pero el temor a ser denunciado hace que se "laven las manos".

Mi error

Mi error no fue de cálculo, sino de contexto: asumí que el progreso técnico traería automáticamente progreso humano. Pero la felicidad, la equidad y la cohesión social requieren algo más que transistores.

Enviado por flexarorion a las 07:12 | 0 Comentarios | Enlace


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