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Mi llegada a la Luna 2015-03-05


En 2009, como conmemoración de la llegada del ser humano a la Luna varios medios de información me pidieron que les escribiera lo que fue "Mi llegada a la Luna". Escribí lo que vais a leer. Es muy corto, pero es todo el espacio que daban. Esto mismo lo dije --con las variaciones correspondientes-- en ocho intervenciones en radio.

No estoy seguro de dónde se publicó pero creo que uno de los sitios fue Consumer de Eroski. Pero no estoy seguro. Mis notas no dan esos detalles. Simplemente tengo copia de lo que escribí.

Mi llegada a la Luna
 
Hoy quiero hablarles de mi experiencia aquel día 20 de julio de 1969 en el que Neil Armstrong ponía su pie en nuestro satélite.
 
Estaba haciendo las milicias universitarias en el Campamento de El Robledo, a 5 km de La Granja de San Ildefonso. Mis días, como la de los demás «caballeros aspirantes», transcurrían entre gimnasia, instrucción, marchas a «La Atalaya» y unas tediosas clases bastante aburridas. Vivíamos en tiendas de campaña, por lo que no teníamos electricidad. En cada tienda había unas diez personas. En mi tienda estaba Jorge que era pariente de Neil Armstrong. Ese parentesco nos permitió que aquella noche nos permitieran poner una televisión con baterías [Nota 2015: en aquella época una tele de baterías era una "rara avis"]. La pusimos y nos pasamos la noche entera viendo cómo Armstrong daba los primeros pasos en la Luna. Se nos añadieron un par de tenientes y otro par de capitanes.
 
Era aficionado al tema de la astronáutica. Había visitado la base de espacio profundo de NASA en Robledo de Chavela y la de la Agencia Espacial Europea en Villafranca del Castillo –cerca de La Granja– y tenía ideas bastante claras de lo que estaban haciendo. Inocentemente fui haciendo comentarios: «Sólo hay tres antenas de recepción en el mundo, una en Camberra (Australia), otra el Goldstone (California) y la tercera en Robledo de Chavela (Madrid), que, por cierto, en su construcción intervino mi padre». «Lo que ha llegado a la Luna es el módulo lunar Eagle». «En órbita Lunar se ha quedado Mike Collins». «Tan solo pisarán la Luna Neil Armstrong y Buzz Aldrin. Debe ser terrible para Mike estar tan cerca y no pisarla».
 
Yo no di ninguna importancia a aquellos comentarios, pero cambiaron mi vida. Al menos cambiaron mi «mili». Al día siguiente, uno de los capitanes –no el mío– que había estado en la tienda me preguntó que si podría contar a su compañía lo que había sido el viaje a la Luna, las dificultades, y lo que podíamos esperar. Así empezó me «carrera» de «conferenciante militar». Recorrí todas las compañías del campamento y en algunas di varias charlas sobre diversos temas.
 
Así, de charla en charla, fueron transcurriendo mis últimas semanas de campamento. El último día, el previo a la «jura de la bandera», un teniente me pidió que fuera a verlos a su área. Al llegar me encontré con la sorpresa de que todos los «caballeros aspirantes» estaban formados. Uno de ellos se acercó con un banderín y me lo regaló. Su capitán dijo algo de «gracias...». Todos me saludaron. Yo acabé la fase de campamento de mi mili con un grato recuerdo.
 
Mi capitán me recomendó para las prácticas en el servicio de telecomunicaciones de Prado del Rey, donde me dediqué a hacer investigación sobre transmisión troposcattering, pero esa es otra historia.

[Nota 2015. El 3 de marzo hace un año que murió mi padre, que no solo fue uno de los que colaboraron en la construcción de las antenas de Robledo de Chavela, también me inspiró a conocer la ciencia.

Enviado por flexarorion a las 09:07 | 0 Comentarios | Enlace


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