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Conferencia Ateneo para el día 14 de noviembre de 2010 2015-02-18


Conferenciante: Félix Ares

Máquinas pensantes

Cuando nacieron los ordenadores se les dio el nombre de «cerebros electrónicos». En ese nombre estaba implícita la idea de que tenían cierta inteligencia. El ser humano siempre había soñado con esclavos mecánicos que le ayudasen en su trabajo. A esta categoría pertenecen los trípodes de Vulcano o los objetos que se animan gracias a un sortilegio cuyo ejemplo más conocido es el «aprendiz de brujo» que aparece por primera vez en la obra Philopseudés de Luciano de Samosata y llega a Walt Disney a través de Goethe y de Paul Dukas, el gólem de las leyendas medievales y hebrea o el «hombre de madera» de Juanelo que caminaba por las calles de Toledo.

Los ordenadores y los robots introducían una novedad; por primera vez dejaban de ser leyenda, ahora teníamos objetos que eran capaces de hacer cosas que si las hicieran los humanos diríamos que son inteligentes. Por ejemplo, resolver ecuaciones diferenciales, diagnosticar una enfermedad, conducir un coche en medio del tremendo tráfico de una ciudad moderna o de encontrar una mina de molibdeno que había pasado desapercibida para los geólogos. Es más, empiezan a aparecer las máquinas que aprenden de la experiencia. No se programan, aprenden.

En este momento surge un hecho curioso. Los humanos empezamos a hacer trampa y decimos que todo eso que hacen las máquinas no es inteligencia, que tan solo es una «imitación», que no es lo auténtico. Cada vez las máquinas llegan a más reductos que antes pensábamos que estaban reservados a los humanos y entonces empezamos a decir que aquello no era «de verdad» inteligencia. Cada nuevo paso que dan las máquinas decimos que eso no es inteligencia, que la inteligencia es otra cosa. Pero ya nos quedan menos escondrijos donde refugiarnos para decir que somos «inteligentes» y ellas [las máquinas] no. Ahora decimos que no pueden hacer poesía – ¿o sí pueden?– y sobre todo que no pueden sentir emociones, que nunca serán capaces de amar. Emociones, amor... Palabras cuyo contenido es muy difícil de definir y de acotar... Nos defendemos con la vaguedad. ¿Qué ocurrirá cuando definamos estrictamente qué es la emoción y veamos que las máquinas son capaces de tenerla? La respuesta es obvia, habrá alguna cosa que nosotros seamos capaces de hacer y las maquinas no y diremos que eso es la inteligencia.

Poniendo los pies en la tierra, ¿qué técnica hay detrás de los sistemas que conducen un coche por San Francisco?, ¿cómo se logra que los programas aprendan? Y sobre todo: ¿En qué nos pueden ayudar las máquinas inteligentes?

Enviado por flexarorion a las 08:21 | 0 Comentarios | Enlace


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