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El neguijón 2015-01-19


Publicado en el Diario Vasco. Big Bang el 7 de enero de 2015

Durante siglos se pensó que las caries eran debidas a un gusano

En el capítulo XVIII de «El Quijote» se desarrolla este diálogo entre el caballero andante y Sancho: «—¿Cuántas muelas solía vuestra merced tener en esta parte? /—Cuatro —respondió don Quijote—, fuera de la cordal, todas enteras y muy sanas./—Mire vuestra merced bien lo que dice, señor —respondió Sancho./—Digo cuatro, si no eran cinco —respondió don Quijote—, porque en toda mi vida me han sacado diente ni muela de la boca, ni se me ha caído ni comido de neguijón ni de reuma alguna».
Cervantes expone la creencia de su época de que las caries las producía un gusano que anidaba en los dientes. Lo mismo que un pequeño agujero negro en la piel de una manzana muchas veces indica que dentro hay un gusano que se la está comiendo, un pequeño agujero negro en los dientes indica que ha entrado un gusano que los está comiendo y son el origen de intensos dolores.
Su nombre deriva del latín «nigellus» que es el diminutivo de «niger» que significa negro y, sin duda, viene de que las caries son negras. Los romanos creían en el gusano de los dientes; pero la creencia va mucho más lejos en el tiempo y tiene al menos varios miles de años. Un texto sumerio de hace siete mil años dice que la causa de las caries es «el gusano de los dientes». Textos asirios también hablan del gusano. Por lo tanto, hemos de concluir que la creencia en el mismo tiene al menos siete mil años. Hay textos en la antigua India, China, Japón y Egipto que nos hablan del desagradable gusano. Incluso Homero lo hace.
Una consecuencia directa de esa creencia era que si se arrancaba el diente o la muela, se llevaba con él al gusano y los dolores desaparecerían, lo que es cierto. Incluso se han encontrado en Pakistán dientes de hace siete u ocho mil años en los que con taladros primitivos se ha perforado el diente tratando de matar al gusano. Sorprendentemente, al hacer el taladro lo que conseguían era matar el nervio y con ello los dolores. Es decir, que una idea equivocada llevaba a resultados correctos: el dolor desaparecía.

Otra idea, ya más moderna, era que si al diente o muela infectados se le aplicaba calor –mucho calor– matarían al gusano. Una vez más, una idea errónea producía los resultados apetecidos, el calor mataba el nervio y con ello desaparecían los dolores. Me imagino que las encías también sufrirían lo suyo. Y no digamos los dolores del paciente.
No obstante, en el año 1200 el médico musulmán Abdulasis Gaubari argumentó contra la existencia de los gusanos de los dientes.

Actualización: No en vano, en el siglo XIII la ciencia islámica era la más desarrollada del mundo

Enviado por flexarorion a las 08:36 | 0 Comentarios | Enlace


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