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Estábamos hablando en conversación de café, es decir, nada científico ni con datos contrastados, sobre si el «comprar alimentos producidos cercanamente» era una buena idea desde el punto de vista ecológico o no.
Yo defendía que eso de «ahorrarnos el transporte desde Tailandia» (habíamos hablado de los espárragos de Tailandia, Perú y China) suena muy bien, pero que la ecuación no es tan sencilla. Que probablemente en algunos casos sería rentable energéticamente y en otros no. Que si tenemos en cuanta todo el gasto energético que cuesta producir una planta, probablemente el transporte desde Tailandia hasta España no fuera lo más significativo y que, por tanto, habría que tener en cuenta todos los inputs de energía: preparar el terreno, echar fertilizantes, sembrar, quitar malas hierbas, regar, echar productos fitosanitarios, recolectar, empaquetar, enviar.
Entonces una compañera de trabajo me dijo: «Claro, pero es que los productos de Tailandia son más baratos porque los campesinos tienes unos sueldos de miseria».
Entonces se me encendió una bombillita: es verdad, tienen un sueldo de miseria, lo que significa que el sueldo también debe ser un input que introduzcamos en el costo energético (y huella ecológica) del producto.
Pensemos que los únicos ingresos del campesino tanto en España como es Tailandia es su salario obtenido por las labores agrícolas.
El agricultor español se gasta su sueldo en una casa más grande que el tailandés (es decir, mayor consumo de energía en la fabricación de la casa), usa más calefacción (más gasto de energía), más aire acondicionado, tiene televisión de plasma (cuya fabricación consume un montón de energía), la tiene encendida (con más consumo de energía que una tele convencional), come más carne (que consume unas diez veces más energía que comer arroz y vegetales directamente), se baña/ducha más veces, durante más tiempo y con agua más caliente (en su día vi a los campesinos Tailandeses bañándose en el río) por tanto gastando mucha más energía, van al trabajo en coche, cuando tienen unos ahorrillos se van de vacaciones con el coche o cogiendo un vuelo, sus hijos van a la escuela en autobús o los llevan en coche, van al supermercado en coche, cambian de ropa más rápidamente (la fabricación de ropa consume energía), tienen muchos más trastos de todo tipo que terminan en la basura y en cuya fabricación se ha gastado energía, …
Es decir, prácticamente el salario se gasta en cosas que tienen que ver con la energía. Más salario, más consumo de energía. Menos salario, menos consumo de energía.
Si introducimos el factor salario en nuestra ecuación, ahora sí que queda bastante desdibujada la idea de que «producido más cerca significa menos huella ecológica». Mi conclusión es: en algunos casos sí, pero en otros muchos, no.
Cada producto es un mundo. Su consumo depende de infinidad de factores… Tal vez debiéramos pedir la huella ecológica de cada producto (incluyendo salarios) para decidirnos por los productos más adecuados ecológicamente. Pero no es fácil. ¿Cuánta energía consume una lata de espárragos que procede de Tailandia y cuánto la producida en Navarra?
Si en vez de agricultor español frente a tailandés, ponemos estadounidense frente a tailandés, todavía queda más claro que no siempre lo más cercano es más rentable energéticamente; ni lo que menos huella ecológica deja.
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