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Con la catástrofe del Columbia he recibido la llamada de varios medios pidiéndome mi opinión. Al hablar con la mayoría de ellos he percibido la extraña sensación de que pensaban que la seguridad al cien por ciento estaba garantizada.
En cuarenta y seis años no había habido ningún accidente en reentrada, en sus veintiocho viajes el Columbia nunca había tenido percances, ¿por qué ahora?, ¿por falta de dinero?, ¿por dejadez de NASA?,...
No me ha resultado fácil decirles que la investigación espacial es una tarea muy peligrosa y que lo sorprendente es que haya habido tan pocos muertos. Tampoco me ha resultado sencillo explicar que la posible falta de presupuesto, la posible dejadez, son cosas que ocurren en toda actividad humana, y que hay que contar con ellas.
Hay hechos que siempre me hacen pensar, aunque no me sorprenden, se mueren siete astronautas en un vuelo peligroso y se arma un revuelo mundial y se paran todos sus vuelos; se mueren siete personas en un accidente de autobús, de tren o de barco-teóricamente mucho más seguros que el Columbia- y pasa desapercibido y nadie prohíbe circular a los autobuses, los trenes o los barcos.
Me sorprende la extraña percepción de las probabilidades que tiene el público en general y los periodistas en particular.
Creo que los educadores -entendiendo esa palabra en un sentido muy amplio- debiéramos aprovechar el tirón mediático del Columbia para transmitir a nuestros alumnos que la seguridad absoluta no existe, que siempre hay una cierta probabilidad de que algo vaya mal, que no hay forma humana de hacer algo cuya probabilidad de accidente sea cero; que hay que hacer esfuerzos para conseguir que el riego sea pequeño, pero que es imposible que sea cero. Hacerles ver que la riesgo cero es paralizante. El único modo por el que una actividad tuviera una seguridad del cien por ciento es no hacerla.
Quizá fuera bueno hacer ver que si en la vida ordinaria se tomarán las mismas decisiones que se tomaron con el Challenger, que fue parar durante dos años su funcionamiento, hoy no podríamos vivir: no tendríamos alimentos, pues causan muchos muertos a lo largo del año por no ser cien por ciento seguros; ni beber agua, ni tener electricidad o gas en los hogares, ni automóviles, ni aviones, ni televisores, ni hornos de microondas, ni ascensores, ni medicinas, ni hospitales, ni cines, ... ni sexo.
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