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UN DESCUBRIMIENTO DE NARICES (1) 2002-09-11


Acapulco, en Méjico, antes Nueva España, de enero a marzo de cada año se celebraba una feria comercial. De Acapulco salía la nao (o el galeón) que iba a las islas filipinas todos los años y regresaba. Así que en esa feria se solían mostrar las novedades traídas por ?la nao de la China? y el ?Galeón de Filipinas?.

En cierta ocasión, el ?veedor? de la corona, que era el funcionario encargado de revisar las mercancías embarcadas en las Filipinas hacia la Nueva España, y viceversa, hizo un descubrimiento un tanto extraño: al abrir un cajón recientemente desembarcado descubrió seiscientas narices de madera. Se quedó perplejo y patidifuso e indagó para descubrir quién había tenido narices para enviar seiscientas narices a Acapulco.

Ya se sabe el dicho italiano ?qui cerca trova?. Él buscó y encontró. ¿Y qué encontró? Pues descubrió que dos años antes un noble de la Nueva España (Méjico) había pedido a un famoso ebanista chino la confección de una nariz de madera. ¿Para qué quería una nariz de madera? Pues resulta que por causa de una enfermedad había perdido la nariz y quería una prótesis vistosa.

El ebanista, que sin duda era un hombre con un par de narices, se dijo ?si un noble de Nueva España me pide una nariz es que es una enfermedad habitual en aquellas lejanas tierras?. Así que ni corto ni perezoso, hizo seiscientas narices y las mandó a Nueva España, donde las encontró nuestro ?veedor?.

La verdad es que nuestro lanzado empresario se vio defraudado. La falta de narices no era habitual entre los habitantes de la Nueva España, así que su cargamento se pudrió en las playas de la bahía de Santa Lucía.

Lástima, pues no hay ninguna duda de que aquel comerciante chino le echó narices al asunto. Su valor merecía mejor recompensa.

Enviado por flexarorion a las 08:29 | 0 Comentarios | Enlace


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