Ciencia 15

Comentarios intrascendentes a noticias científicas y técnicas de los últimos quince días (más o menos)
Archivos
<Mayo 2017
Lu Ma Mi Ju Vi Sa Do
1 2 3 4 5 6 7
8 9 10 11 12 13 14
15 16 17 18 19 20 21
22 23 24 25 26 27 28
29 30 31        

Documentos

Blogalia

Blogalia

Inicio > Historias > Un ovni llamado Encke
Un ovni llamado Encke 2004-08-12



Copyright. En contra de lo que es habitual en este blog, este trabajo no se puede reproducir sin el permiso previo del autor que ha contado con la ayuda de JMV y LG)

Ayer mismo nos enteramos de que científicos ¿o tendríamos que escribir “científicos”?- rusos había ido al río Tunguska, donde el 30 de junio d 1908 había estallado algo, y habían demostrado -¿o tendríamos que decir “demostrado”?- que aquella explosión la había producido un ovni.

Quizá fuera bueno empezar por el principio, es decir, por aquel día 30 de junio de 1908:

"A las 9.46 (meridiano Greenwich) de la mañana del 11 de septiembre, en el verano excepcionalmente hermoso del año 2.077, la mayor parte de los habitantes de Europa vieron aparecer en el cielo oriental una deslumbrante bola ígnea. En cuestión de segundos se tornó más brillante que el sol y al desplazarse en el cielo -al principio en completo silencio- iba dejando detrás una ondulante columna de polvo y humo.

"En algún punto sobre Austria comenzó a desintegrarse produciendo una serie de explosiones, tan violentas que más de un millón de personas quedaron con los oídos dañados para siempre. Estas fueron las afortunadas.

"Desplazándose a cincuenta kilómetros por segundo, un millón de toneladas de roca y metal cayó sobre las llanuras del Norte de Italia y destruyó con una llamarada de segundos la labor de siglos. Las ciudades de Padua y Verona fueron barridas de la faz de la Tierra; y las últimas glorias de Venecia se hundieron para siempre en el mar cuando las aguas del Adriático avanzaron atronadoras, hacia tierra después de aquel golpe fulminante venido del cielo.

"Seiscientas mil personas murieron, y el daño material se calculó en más de un trillón de dólares. Pero la pérdida que significó para el arte, la historia, la ciencia -para el género humano en general por el resto de los tiempos- estaba más allá de todo cálculo. Era como si una guerra hubiese estallado y se hubiese perdido en una sola mañana, y pocos pudieron sentir algún placer por el hecho de que, mientras el polvo de la destrucción se depositaba, el mundo entero presenció durante meses los más espléndidos amaneceres y ocasos que se recordaban desde el Krakatoa.

"Después del estupor inicial, la humanidad reaccionó con una determinación y una unidad que no habría podido demostrar en ninguna época anterior. Semejante desastre, de ello se tuvo plena conciencia, podía no volver a ocurrir en mil años, pero podía volver a ocurrir al día siguiente. Y la próxima vez las consecuencias podían ser aún peores.

"Pues bien, no habría una próxima vez/."

Así es como narra el autor de ciencia ficción Arthur C. Clarke, en su obra [/Cita con Rama
, [1] las consecuencias que podría tener la colisión de un objeto celeste con la Tierra en un futuro próximo. Aunque el lector no lo crea, este fragmento del libro de Clarke muestra que muchas veces la ciencia ficción está más cerca de la realidad que de la ficción. Sólo hay que recordar lo que sucedió el 30 de junio de 1.908 en Siberia Central

LA DESTRUCCIÓN QUE VINO DEL CIELO

A primeras horas de la mañana del 30 de junio de 1.908, una gigantesca bola de fuego atravesó los cielos de Siberia Central. Poco después, el misterioso objeto celeste pareció estrellarse contra la superficie de la Tierra provocando una explosión que arrasó más de 2.200 Km2 de bosque e incendió miles de árboles cercanos al lugar del presunto impacto. La onda de choque dio dos veces la vuelta a nuestro planeta.

Los hechos sucedieron en las cercanías del río Tunguska Pedregoso, afluente del Yenisey situado aproximadamente a unos 1.000 Km al Norte de Irkutsk.

Afortunadamente, la explosión tuvo lugar en plena taiga siberiana, una de las pocas zonas de nuestro planeta en donde los asentamientos humanos son prácticamente inexistentes. Se trata de una región boscosa que impone a sus pobladores unas condiciones de vida terriblemente duras. Los bosques de estos parajes están constituidos por pinos, abetos, pinsapos y alerces, junto con ejemplares de especies de hoja caduca como el abedul y el álamo. Estamos en los dominios del clima subártico. La temperatura media es inferior a los 10º C durante más de ocho meses al año, mientras que el mes más frío cuenta con una temperatura inferior a -38º C. La estación seca se localiza en invierno y las precipitaciones anuales están comprendidas entre los 25 y 50 cm. La densidad de población de la zona es inferior a un habitante por kilómetro cuadrado. Los pobladores de la taiga siberiana viven de la caza, la pesca y la recolección, además de la explotación del bosque y de una agricultura primitiva. La lengua que hablan los habitantes de las proximidades del Tunguska Pedregoso, los tunguses, es el TungusManchues, que tiene las mismas raíces que las lenguas coreanas.

Por suerte, y dado lo desolado del lugar, las únicas víctimas que se cobró la explosión fueron renos. Si se hubiera hecho a propósito, sería muy difícil encontrar en todo el globo terráqueo una zona donde los daños hubieran sido menores. Si hubiera caído en el mar, los maremotos resultantes habrían sido catastróficos. Recordemos lo acontecido con la erupción del Krakatoa, en la que una sola ola arrasó 165 poblaciones de Java quitando la vida a más de 36.000 personas.

Testigos situados entre 30 y 60 Km del presunto punto de impacto sintieron una repentina ráfaga de calor que atravesó sus abundantes ropajes. La sacudida provocada por la explosión fue registrada como un terremoto por varias estaciones meteorológicas siberianas. La onda expansiva rompió ventanas, hizo volar campamentos enteros, mató renos e hizo que personas cayeran al suelo.

El 30 de junio de l.908 quedó grabado durante años en la memoria de los habitantes del Norte de Europa por que el cielo no se oscureció en el transcurso de toda la noche. Durante los dos días siguientes, el polvo suspendido en la atmósfera fue tan abundante que hizo posible leer el periódico en las calles de Londres a altas horas de la madrugada. Lo mismo ocurrió en el Retiro de Madrid.


2004 CIENTIFICOS

En España si un grupo de aficionados a los ovnis se ponen a recolectar noticias sobre ovnis se llaman cosas como Asociación de Avistamientos Anómalos, Investigadores de Ovnis, Centro de Investigación de Objetos Celestes, ... o algo parecido... Pero en Rusia son más pretenciosos y se llaman: fundación estatal siberiana Fenómeno Espacial Tunguska.

Pues resulta que esa Fundación estatal -supongo que recuerdos de la época soviética, donde todos los grupos de “investigación” o eran estatales o estaban prohibidos, han comunicado que fueron a Siberia a visitar el lugar y que han encontrado pruebas de que el meteorito de Tunguska el más grande que haya caido en la Tierra -según ellos- en realidad fue una nave extraterrestre.

¡vaya con los nenes! No sólo es el meteorito más grande de la historia de la Tierra sino que es una nave extraterrestre.

Vayamos por partes, si por nave entendemos meteorito tal vez estemos de acuerdo; pero si quiren decir Portentosa Nave Extraterrestre con Bicho Inteligente Dentro (PONEBID), entonces empezamos a dudarlo.

Lo que no cabe ninguna duda es que no es el meteorito más grande que ha chocado con la Tierra; si así fuera, en este momento no es probable que estuviéramos aquí. Recuerden aquel meteorito del Pérmico/Triásico que acabó con el 80% de especies y el de los dinosuarios...

"Hemos encontrado lo que queríamos", dijo Yuri Labvin, que desde siempre -desde ANTES de ir a Tunguska- era partidario de que lo de 1908 era una nave extraterrestre.

Usease, que fue a demostrar una hipótesis previa. ¡Caramba, carambita, carambola! Una hipótesis en la que creía firmemente, ¿con qué pruebas?

COMETAS Y METEORITOS

LAS EXPEDICIONES DE KULIK

La situación política que atravesó Rusia a principios del siglo XX hizo que no se enviara ninguna misión científica a Siberia Central hasta l.927, diecinueve años después de la misteriosa explosión de Tunguska.

En 1.921, la nueva Academia de Ciencias de la URSS encargó al renombrado geólogo Leonid A. Kulik recoger toda la información posible sobre caídas de meteoritos en territorio soviético. Un amigo de Kulik le facilitó un recorte de prensa en el que se hablaba de una presenciada por los viajeros del Transiberiano en junio de 1.908. Esta información animó al geólogo a dedicar veinte años de su vida a la investigación del suceso de Tunguska.

Kulik comenzó su labor recogiendo gran cantidad de declaraciones de testigos presenciales y reuniendo informes meteorológicos. Además, se sirvió de las noticias que del hecho facilitaron en su día los periódicos de Irkutsk, Tomsk y Krasnoyarsk.

Vasiley Okhchen, testigo presencial de los hechos, le comunicó a Kulik lo siguiente:

"A primera hora de la mañana todo el mundo dormía en la tienda, cuando ésta voló por los aires junto con sus ocupantes. Al caer de nuevo a tierra, la familia entera sufrió ligeras magulladuras, pero Akulina e Iván quedaron realmente inconscientes. Cuando recobraron el sentido, oímos muchísimo ruido. Todo lo que nos rodeaba estaba envuelto en humo y polvo, y había muchos árboles caídos. Repentinamente el estruendo cesó, pero el bosque siguió ardiendo. Nos pusimos a buscar los renos, que habían huido precipitadamente. Muchos de ellos no volvieron."

El geólogo soviético recogió múltiples testimonios de personas que vivieron la explosión de Tunguska de una forma realmente dramática:

"Yo estaba en el campo;... acababa de enganchar un caballo a la grada y empezaba a sujetar el otro cuando de pronto oí que sonaba como un fuerte disparo por la derecha. Me volví inmediatamente y vi un objeto llameante alargado volando a través del cielo. La parte frontal era mucho más ancha que la cola y su color era como de fuego a la luz del día. Su tamaño era varias veces mayor que el sol pero su brillo mucho más débil, de modo que se podía mirar sin cubrirse los ojos. Detrás de las llamas había una estela como de polvo. Iba envuelto en pequeñas humaredas dispersas y las llamas iban dejando detrás otras llamitas azules. Cuando hubo desaparecido la llama, se oyeron estallidos más fuertes que el disparo de una escopeta, podía sentirse temblar el suelo, y sal-taron los vidrios de las ventanas de la cabaña."

"... Estaba lavando ropa en el bancal del río Kan. De pronto se oyó un ruido como el aleteo de un pájaro asustado... y apareció en el río una especie de marea. Después se oyó un estallido único tan fuerte que una de las mujeres trabajadoras... cayó al agua."

"Estaba sentado tomando el desayuno al lado de mi arado, cuando oí explosiones súbitas, como disparos de escopetas. Mi caballo cayó de rodillas. Una llamarada se elevó por el lado Norte, sobre el bosque... Vi entonces que los abetos del bosque se inclinaban con el viento y pensé en un huracán. Agarré el arado con las dos manos para que no volara. El viento era tan fuerte que arrancaba la tierra del suelo, y luego el huracán levantó sobre el Angara una pared de agua. Lo vi todo con bastante claridad, porque mi campo estaba en una ladera." [2]

Un meteorólogo local llamado Voznesensky había recopilado información sobre el fenómeno y señalado el posible lugar de la explosión. El estruendo provocado por la misma se había oído a 800 Km del supuesto punto de impacto, y los sismógrafos de Irkutsk habían registrado aquel día vibraciones de proporciones sísmicas.

Durante seis años de investigación, Kulik reunió gran cantidad de información procedente de periódicos, testigos y meteorólogos locales, pese a lo cual Kulik tan sólo llegó a tener una vaga idea de la situación exacta del lugar de impacto.


La primera expedición

En 1.927, con el apoyo de la Academia de Ciencias, Kulik partió de Leningrado con la esperanza de encontrar el lugar exacto en el que había caído lo que él pensaba que era una gigantesco meteorito. Esta fue la primera de las cuatro expediciones de Kulik, que contaron con todo tipo de inconvenientes, dejando a un lado la propia hostilidad del medio físico.

En la década de los veinte, la taiga fue objeto de una tímida exploración. Los rusos se abrieron camino en la masa boscosa para fundar nuevas ciudades como Bratsk, Uskut, etc. De todos modos, aún hoy en día la taiga es una extensión boscosa prácticamente virgen.

En marzo de 1.927, Kulik partió de Taishet a caballo y viajó en trineo por el nevado camino que le condujo a la villa de Duorets, próxima al río Angara. Quince días después, abandonó Vanavara, último núcleo civilizado antes de la inexplorada taiga. Pronto advirtió que le iba a ser imposible avanzar en la nieve sólo con caballos. Así pues, adquirió algunos renos y reclutó como guía al tungús Il'ya Potapovich. Tuvieron que abrirse paso a través de la taiga usando el hacha.

A mediados de abril alcanzaron el río Mekirta. Allí Kulik vio las primeras huellas de la catástrofe a cuya investigación se había dedicado desde 1.921. Las colinas de la orilla Norte del Mekirta estaban peladas. Al acercarse, advirtió que podían verse grandes troncos de pinos caídos. Supo inmediatamente que estaba presenciando las consecuencias de la explosión ocurrida en el lugar diecinueve años antes. Ascendió a la mayor de las alturas próximas, el Khladni, y desde allí hasta donde alcanzaba su vista, unos 20 ó 25 Km, el panorama era desolador. Los gigantescos árboles de la taiga siberiana yacían en el suelo; todos alineados apuntando a la misma dirección. Era como un ejercito en formación cuyos soldados hubieran caído firmes y con la cabeza apuntando al mismo lugar. El centro de la explosión tenía que estar más allá. El desastre de Tunguska había sido mucho más importante de lo que se reflejaba en las noticias que habían llegado hasta San Petersburgo.




Kulik deseaba encontrar el punto de explosión, pero sus dos acompañantes tunguses, Potapovich y Okhchen, se negaron a adentrarse en la desolada extensión que se abría ante ellos. La superstición de los tunguses, que creían que la explosión había sido una muestra de la ira del dios Ogdi, hizo que Kulik no tuviera otra alternativa que regresar a Vanavara. Allí hubo de buscar nuevos compañeros, y no fue hasta junio cuando volvió de nuevo al Khladni.

Siguió la dirección marcada por los árboles caídos. Viajó hacia el Noroeste teniendo que volver a hacer uso del hacha, como la vez anterior, para abrirse paso. Un día llegó a una especie de anfiteatro en las colinas y acampó en el fondo del mismo. Al inspeccionar las cimas circundantes, Kulik encontró por fin lo que buscaba: todos los árboles caídos lo estaban en direcciones radiales, apuntando a un centro común. Aquel era el punto en el que había tenido lugar la explosión de Tunguska el 30 de junio de 1.908.

Kulik estaba seguro de que lo que había ocurrido en Tunguska tenía como causa originaria la caída de una gran meteorito. Por ello esperaba encontrar en la zona fragmentos del mismo. Sin embargo, no halló ningún cráter, sino docenas de pequeños agujeros. En el epicentro, cerca de tierras pantanosas, encontró algunos árboles que habían permanecido en pie después de la tremenda explosión. Por ninguna parte de la superficie se encontraban restos del meteorito, por lo que Kulik llegó a pensar que éstos estaban encontrarían a 25 m de profundidad en el suelo helado. Creía que el cráter se había llenado de agua y que constituía el lago sobre el que se encontraba. Trabajos posteriores demostraron que el pantano localizado sobre el epicentro era una formación natural que nada tenía que ver con el acontecimiento de Tunguska.

Las escasas reservas con que contaba la expedición hicieron que no se pudiera prolongar la investigación in situ durante todo el tiempo que hubiera sido necesario. Cuando Kulik volvía a Leningrado lo hacía ya con la idea de regresar a aquel valle para buscar los restos del gigantesco meteorito. Quizá la respuesta estaba escondida en el fondo de los pequeños agujeros... Como Kulik no era originario de Siberia, desconocía que tales orificios eran comunes en toda la taiga, debido a la acción del hielo durante el invierno. Ni en ésta ni en su segunda expedición contó con alguien que le sacase de su error.


La segunda expedición

Gracias a la información que recogió durante su primer viaje, y aunque eran tiempos de confusión y austeridad en la Unión Soviética, no tuvo problemas a la hora de conseguir que la Academia de Ciencias financiara más expediciones a Tunguska.

En 1.928 viajó con él el cámara Strukov, que filmó los momentos más impresionantes del periplo. La expedición hubo de superar numerosos problemas. Varios miembros del grupo cayeron enfermos y tuvieron que abandonar, y el propio Kulik sufrió un accidente. La inspección magnética de la zona no dio con ningún resto de meteorito férrico. Volvieron a Leningrado sin haber obtenido nada relevante. No obstante, las filmaciones de Strukov fueron los suficientemente espectaculares como para propiciar una tercera expedición que contara con más medios que las dos anteriores.

La tercera expedición

El tercer viaje de Kulik transcurrió entre 1.929 y 1.930. El guía, llamado Krinov, perdió un pie por congelación durante un viaje en busca de provisiones, y otro miembro del grupo cayó enfermo de apendicitis. Tampoco este nuevo equipo encontró rastro alguno del gran meteorito que Kulik buscaba desde 1.927. En otros lugares de la Tierra se habían recogido fragmentos de meteoritos. Sin embargo, en Tunguska no había resto alguno del objeto que había provocado la devastadora explosión de 1.908. Kulik seguía sin considerar que el desastre hubiera podido tener otra causa que la que él había defendido desde un principio. Los miembros de su equipo comenzaron ya a sospechar que la investigación de los pequeños orificios no le iba a conducir a ninguna parte. Esta vez, la permanencia de Kulik y sus colaboradores en Tunguska se prolongó durante más de dieciocho meses, aunque no avanzaron mucho en la investigación.

En esta época se iniciaron en la URSS las famosas "purgas", en las que Stalin eliminó a sus adversarios, ya fueran reales o imaginarios, reforzando su dictadura y la disciplina del partido. Durante la era del Gran Terror desaparecieron prácticamente todos los viejos bolcheviques, aquellos que habían participado en la revolución de 1.917.


La cuarta expedición

El cuarto viaje de Kulik tuvo lugar en 1.937, ya que durante el Gran Terror el acontecimiento de Tunguska había pasado a un plano secundario. Kulik quería que se llevase a cabo una inspección aérea de la zona, e investigar una vez más el asunto de la posible localización de los restos del meteorito.

Aunque la inspección aérea no aportó ningún dato en lo que al meteorito se refiere, sí sirvió para que los científicos tuvieran una visión más completa de lo ocurrido en el lugar.

Parecía que el objeto había penetrado en la atmósfera terrestre y se había hecho visible en un primer momento sobre el lago Baikal. Había cruzado el cielo siberiano con dirección Noroeste hasta explosionar. Más de 2.200 Km2 de bosque fueron arrasados, aproximadamente una extensión del tamaño de Guipúzcoa.

Pasados veintinueve años, no existía el menor rastro de la catástrofe. Aparentemente el crecimiento de los árboles se había acelerado. El enigma seguía sin resolverse y permanecería así durante muchos años.

Comenzó la Segunda Guerra Mundial.

Kulik fue capturado y muerto por los nazis en abril de 1.942.

La guerra se cobró 60 millones de muertos, con un alto porcentaje de civiles. Europa quedó prácticamente arrasada: Se destruyeron ciudades, fábricas, aeropuertos, etc. Y, por último, el 6 de agosto de 1.945, los Estados Unidos lanzaron, desde el aerobombardero Enola Gay, la primera bomba atómica sobre la ciudad de Hiroshima, falleciendo a causa de su explosión más de 80.000 personas.


DESPUES DE KULIK

Desde finales de la Segunda Guerra Mundial hasta nuestros días, el suceso de Tunguska, ha sido objeto de continuo estudio por parte de diversidad de personas: maestros, escritores, científicos, etc.

Repasemos algunas de sus teorías.


La nave espacial

En 1.945, al escritor de ciencia ficción soviético Alexander Kazantzev le llamó poderosamente la atención la extraordinaria similitud existente entre los efectos de la explosión de Tunguska y los de la de Hiroshima.

En enero de 1.946, la revista rusa Alrededor del Mundo publicó "La explosión", un cuento de Kazantzev en el que éste achacaba el desastre de Tunguska al estallido del sistema de propulsión nuclear de una nave procedente de Marte. En él se planteaba que el vehículo había explosionado en el aire, desintegrándose totalmente, por lo que sería imposible tanto encontrar un cráter de impacto como restos del ingenio extraterrestre.

¡Caramba, carambita, carambola!: nuestros “científicos del 2.004 nos cuentan un cuento de Kazantzev. AL menos podían haberle mencionado como autor de la idea,... ¡Niños, niños, malos, que hay que mencionar las fuentes!

Kazantzev explicó su teoría el 20 de abril de 1.948 en el Planetarium de la Unión Astronómica Soviética, desencadenándose una fuerte controversia entre los científicos de aquel país. El discurso fue difundido por todo el mundo en diversas publicaciones, y provocó reacciones de lo más variadas.

Respecto a la validez científica de las ideas de Kazantzev, los escritores Ion Hobana y Julien Weverbergh llegan a preguntarse: "¿Acaso no es cierto que las conclusiones no científicas logradas por el autor de ciencia ficción se ajustan más a los datos concretamente observados que las formulaciones hechas por los eruditos?". [3]

Por su parte, James E. Oberg, ingeniero de la NASA y miembro del Comité para la Investigación Científica de los Supuestos Hechos Paranormales (CSICOP), ha llegado a la conclusión de que muchos de los elementos ficticios del relato de Kazantzev han sido considerados por autores posteriores como parte de la historia real. [4]

¿Les suena? ¿No es esto lo que ha hecho Yuri Labvin?

En 1.959 y 1.960, el profesor de física Alexei Zolotov organizó varias expediciones a Tunguska. Dijo haber encontrado rastros de radiactividad en la zona. Además, concluyó que los árboles caídos demostraban un notable cambio de dirección en la trayectoria del objeto que explosionó en Tunguska. Esto era una prueba de que lo que allí se había estrellado no era un meteorito, sino una nave espacial extraterrestre, según declaró en su día Zolotov a la agencia TASS. Así, pudo precisar que en el momento de la explosión el objeto volaba a una velocidad de 4 ó 5 km por segundo.

Otros expedicionarios observaron un desarrollo anormalmente rápido en los árboles de la región, que inmediatamente relacionaron con las afirmaciones de Kazantzev y Zolotov sobre la explosión nuclear.

El profesor de astronomía soviético Félix Zigel, que dedica gran parte de su tiempo a la investigación de los platillos volantes, ha dicho:

"El fenómeno más significativo referente a estos objetos misteriosos [se refiere a los ovnis] es el que ha pasado a la Historia con el nombre de 'meteorito de la Tunguska'. En la mañana del 30 de julio de 1.908, todos los sismógrafos del mundo registraron una sacudida tremenda, similar a la de un terremoto, cuyo epicentro se encontraba en la Siberia Oriental. 'Fue una explosión espantosa', relató un testigo. 'Parecía como si la tierra temblase, o peor aún, como si sus vísceras estallasen. Vi como una nube inmensa se elevaba, altísima en el cielo, hasta cerca de 20 km de altura'. Durante mucho tiempo, hasta 1.950, se ha creído que la explosión de la Tunguska fue causada por la caída de un enorme meteorito; pero en los últimos años los científicos soviéticos han establecido que sus características son las de una explosión nuclear aérea, negando firmemente que el cuerpo celeste caído en Siberia fuese una fragmento de meteorito o un cometa. El Instituto de Investigaciones Nucleares de Dubna publicó en el verano de 1.967 un estudio en el que se demuestra que la catástrofe de la Tunguska dejó notables residuos radiactivos, mientras que en 1.966 un científico afirmó que, antes de la explosión, el cuerpo celeste describió en la atmósfera un arco de 650 km, es decir, que llevó a cabo una maniobra. Examinadas todas estas circunstancias (sólo reveladas recientemente) se puede llegar a la conclusión de que el llamado 'meteorito de la Tunguska' podría haber sido muy bien un disco volante procedente de otro planeta." [Subrayados del autore.] [5]

Todas estas evidencias cuentan además con el apoyo de un premio Nobel. Según Hobana y Weverbergh, [3] y Andreas Faber Kaiser, [6] Willard F. Libby es un ardiente defensor de la teoría de la explosión nuclear.

Visto todo esto, se entiende por qué han sido muchos los autores que han hablado, ya en nuestros días, del suceso de Tunguska como de un hecho íntimamente relacionado con un ingeniso producto de una civilización extraterrestre.

Hobana y Weverbergh consideran aventurado hablar de que la explosión fue causada por el accidente de una nave extraterrestre; sin embargo, creen que "el estallido de Tunguska podría haber sido experimental, provocado deliberadamente por IET [Inteligencia Extraterrestre] para estudiar sus efectos en nuestro planeta o simplemente para llamarnos la atención sobre su existencia. ¿Absurdo?".[3]

Antes de contestar al interrogante que nos plantean estos dos escritores, miremos con lupa lo que han dicho los defensores de la teoría extraterrestre y nos daremos cuenta de que han cometido algunos -¿involuntarios?- errores.

Hay que resaltar el hecho de que la explicación alienígena se ha fundamentado en el cuento de ciencia ficción de Kazantzev, al que algunos "fabricantes de paradojas" -como los califica Carl Sagan- han intentado dar el rango de hipótesis científica. Por otra parte, Kazantzev es un defensor a ultranza de la existencia de visitas extraterrestres en la antigüedad y ha dado en repetidas ocasiones muestras de poco rigor, confundiendo, por ejemplo, el lanzamiento del satélite espía Cosmos-955 con una nave extraterrestre en misión de exploración (!).

Todas las pruebas que hay de que Zolotov encontrara en 1.959 y 1.960 rastros de radiactividad en la región se limitan a sus propias palabras. Aunque resulte curioso, nadie a llegado a las mismas conclusiones que él respecto a la existencia de niveles anormales de radiactividad en Tunguska, a pesar de que las expediciones han sido numerosas y algunas de ellas han prestado especial atención a ese tema. Por ejemplo, el Dr. Vaisilieyev de la Universidad de Tomsk, actualmente uno de los expertos más reconocidos en el suceso de Tunguska, no ha encontrado ninguna evidencia de radiación anormal. [8] ¿No resulta sorprendente que sólo Zolotov sea capaz de medir índices anormales de radiación?

Respecto al cambio de trayectoria del objeto, este hecho sería un prueba casi irrefutable de que sobre Tunguska explosionó un ingenio artificial, siempre y cuando se basara en datos y no en lucubraciones sin fundamento. Por un lado, la evidencia física, los árboles caídos, indicaba todo lo contrario: el objeto había seguido una trayectoria balística. Ningún estudio riguroso de las consecuencias de la explosión de Tunguska ha advertido nada extraño en la orientación de los árboles caídos. Y por otro, ninguno de los testigos -y hubo más de 700- dijo haber visto que el objeto realizase una maniobra.

Un equipo del Ministerio de Silvicultura Soviético confirmó la existencia de un crecimiento anormalmente acelerado de los árboles de la zona, tal como defendían los pseudocientíficos de turno. Lo cierto es que el crecimiento acelerado de la vegetación tras un incendio forestal, como el que se produjo después de la explosión de Tunguska, es un efecto conocido por los técnicos agrícolas. Esto -el fuego-, y no la radiactividad, fue la causa del anormal desarrollo de los árboles.

Si realmente hubiera habido una explosión nuclear, el efecto se hubiera dejado sentir prácticamente en todo el planeta, mediante un aumento del nivel del Carbono-14. Sin embargo, investigaciones de los anillos de crecimiento de los árboles llevadas a cabo en Noruega han mostrado la inexistencia de tal aumento con posterioridad a 1.908. Igualmente, y aunque les pese a Hobana, Weverbergh y Faber Kaiser, Willard F. Libby, experto en el procedimiento isotópico de datación del Carbono-14, investigó los anillos de los árboles de Arizona y observó un leve aumento en el nivel de dicho isótopo achacable a una de tantas fluctuaciones periódicas y que no tenía nada que ver con una explosión nuclear.

James E. Oberg, en su libro Ufos & Outer Space Mysteries, [4] denuncia, al tratar este tema, la actitud de difusora de la pseudociencia de la agencia Associated Press, que divulgó en 1.978 una información sobre el suceso de Tunguska demostrando muy poco interés por la veracidad de la historia.

Si todas las lucubraciones acerca de naves extraterrestres siniestradas sobre Tunguska se basan en un cuento de ciencia ficción; si el único que encuentra rastros de radiactividad en la zona es un personaje que pretende confirmar su fe; si nadie vio maniobrar al objeto en 1.908 y los únicos que lo "ven" en la actualidad son los amantes de lo extraterrestre; si los divulgadores ponen en boca de un premio Nobel cosas que éste no ha dicho; si, en definitiva, los defensores de las naves extraterrestres manipulan descaradamente los datos para que respalden su teoría; está claro que la historia de un ingenio alienígena explosionando en Siberia Central tiene tanta consistencia como las de Papá Noel, el Ratoncito Pérez, etc.

Ahora podemos ya contestar con conocimiento de causa a la pregunta que nos hacían Hobana y Weverbergh. Estos autores tienen su propia teoría: los extraterrestres provocaron con fines experimentales la explosión de Tunguska. Para ellos es aventurado hablar de la explosión de una nave extraterrestre, son demasiado perfectas para poder estrellarse, pero entra dentro de su lógica un experimento alienígena. El razonamiento de estos divulgadores no es absurdo, es simplemente caótico, demencial, enfermizo.


La antimateria

En 1.948, La Paz, especialista estadounidense en meteoritos, consideró la posibilidad de que el enigmático objeto volador que se estrelló en Tunguska en 1.908 fuera un pequeño fragmento de antimateria. Esta teoría supone que tal fragmento explosionó al entrar en colisión con los gases de la atmósfera terrestre, liberando una ingente cantidad de energía.

Esta explicación tienen en su contra la inexistencia en la zona de una radiactividad residual significativa y que se desenvuelve en un campo meramente especulativo, puesto que hoy por hoy nadie puede demostrar la existencia de "islas" de antimateria en el universo.Por otro lado es casi imposible que llegara a la superficie, se desintegraría antes.


El agujero negro

A. A. Jackson y Michel P. Ryan propusieron en 1.973 la posibilidad de que el suceso de Tunguska hubiera sido ocasionado por un agujero negro, que penetró en la Tierra por Siberia Central y salió por el Océano Atlántico para continuar su viaje cósmico. El astrofísico Carl Sagan indica que "los datos de las ondas de choque atmosféricas no muestran indicios de que aquel día salieran proyectado un objeto por el Atlántico Norte". [2] Así pues, también hay que descartar que un agujero negro fuera el causante de la catástrofe.


LA REALIDAD

Nigel Calder, especialista en el estudio de los cometas, afirma -creemos que con razón- que debido a que las primeras expediciones a Tunguska no lograron explicar el misterioso evento "los extraños hechos de Siberia quedaron abiertos a cualquier explicación disparatada y sobrenatural". [7]

En 1.930, Francis Whipple sugirió que el acontecimiento de Tunguska pudo deberse a la colisión de un pequeño cometa con el planeta Tierra. El alza de la teoría científica que defendía la posibilidad de que los cometas fueran bolas de nieve hizo que durante la década de los sesenta los científicos soviéticos se mostraran favorables a dicha explicación. En 1.976, el científico israelí Ari Ben Menahen llegó a la conclusión de que la explosión principal se produjo a 8,5 Km de altura y equivalió a la detonación de 12,5 megatones de potentes explosivos. Por su parte, David Hughes calculó que sería una bola de nieve de 40 m de diámetro y 50.000 toneladas de peso.

Simulaciones por ordenador, hechas en el Instituto Lunar y Planetario, han demostrado que una explosión producida en las condiciones expuestas provocaría una destrucción del arbolado idéntica a la de Tunguska, que no dejaría ningún cráter. [4] Dado que su composición era agua helada, tampoco quedarían fragmentos del objeto.

El cuerpo celeste no fue detectado antes de la colisión por dos razones evidentes: Era demasiado pequeño y por lo tanto no se vio hasta pocos minutos antes de la explosión; y se había aproximado por el lado diurno.

Y, llegados a este punto, hay que preguntarse: ¿Qué cometa concreto fue el responsable de la catástrofe?

Calder señala, en ¡Qué viene el cometa!, [7] que el suceso "coincidió con una lluvia diurna de meteoritos compuesta por partículas de polvo de la órbita del cometa Encke, de manera que es probable que aquel [el objeto de Tunguska] fuera un pequeño fragmento de éste". Esta explicación en la que se señala al cometa Encke como culpable es la única que responde satisfactoriamente a lo ocurrido el 30 de junio de 1.908.

El Encke fue descubierto en 1.786 por P. F. A. Méchain y Ch. Messier. Debe su nombre a Johann F. Encke, que en 1.818 calculó su órbita por primera vez. Esta se halla comprendida dentro de la del planeta Júpiter, a pesar de los cual el cometa no es visible permanentemente. Ya en aquel tiempo, Encke observó que en cada una de sus órbitas el cometa rebasaba el Sol con una antelación aproximada de dos horas y media sobre la calculada. Fred Whipple, experto en estos cuerpos celestes, sostiene que esta anormalidad se debe a que el sentido de rotación del Encke le hace perder energía en cada órbita, y no ganar como al Halley.

Fred Whipple, Zdenek Sekanina y Brian Marsdeen estudiaron detenidamente al cometa durante su aparición de 1.980. Calder nos ofrece un breve resumen del trabajo de estos investigadores:

"El núcleo del Encke, así lo sugieren Whipple y sus colaboradores, es una bola de nieve toscamente labrada pero casi esférica, de unos dos kilómetros de diámetro y que da una vuelta alrededor del eje más corto cada seis horas y media. Una zona polar es brillante y activa, la otra muy obscura, probablemente revestida de polvo durante la temporada de hace varios siglos en que ese extremo no vio ponerse el Sol. El eje de rotación del Encke va desplazándose gradualmente alrededor de la bola, como en el caso de una peonza o giróscopo que comienza a vacilar. La cambiante dirección de la inclinación explica que la actividad frenadora del motor de reacción era mucho menos eficaz en nuestro siglo que en la época de Johann Encke. En 1.990, el chorro se convertirá en acelerador en lugar de frenador." [7]




Lo más probable es, por consiguiente, que lo que ocasionó la explosión de Tunguska fuera un pequeño fragmento del cometa Encke.

EL PELIGRO DE LOS COMETAS

Durante 1.985 y 1.986, todos hemos sido testigos del inusual interés que ha atraído todo lo relacionado con los cometas. Hemos vivido la "fiebre del Halley", el más celebre de los cometas, que pasa por su perihelio (punto de la órbita más cercano al Sol) cada 76 años. En todo el mundo ha aparecido una gran cantidad de libros, folletos, artículos, programas de radio, etc., dándonos puntual información sobre este ilustre visitante y sus hermanos menos famosos.

En esta ocasión no ha sido el temor, como lo fue en 1.910, lo que ha convertido al cometa en centro de la atención, sino la curiosidad. Tradicionalmente, los cometas han suscitado el temor de las gentes. La humanidad ha leído en ellos mensajes y designios divinos desde tiempos remotos. Los supersticiosos han temblado cuando ha aparecido un cometa en el cielo, y lo han culpado de inundaciones, sequías, terremotos, muertes de altos dignatarios, etc. Aún hoy en día, encontramos gente que cree en todo lo antes dicho. Estos infelices caen en las redes de los charlatanes que dicen que la próxima visita del cometa X va a propiciar una guerra a escala mundial, un desastre ecológico, la muerte de un gran dignatario, etc.

Como dice Clarke, "el acontecimiento de Tunguska es sobrecogedor, y de una gran importancia científica. Pero ya no es misterioso excepto para aquellos que prefieren las explicaciones románticas a las del sentido común". [8] Por su parte, Calder sostiene que "estas apariciones son peligrosas porque los seres humanos las hacen peligrosas. Los cometas matan a la gente mediante su propia superstición, cuando quienes los leen como telegramas de los dioses o del diablo, presas del pánico, recurren al homicidio o al suicidio". [7]

No, los cometas no son peligrosos en el sentido que nos hablan los nuevos profetas. El verdadero peligro de los cometas es que alguna vez uno de ellos colisione con nuestro planeta y provoque una catástrofe de inenarrables dimensiones.

Ya hemos explicado que parece muy probable que a primeras horas de la mañana del 30 de junio de 1.908 un pequeño fragmento del cometa Encke explosionara sobre Siberia Central. Este no ha sido un hecho aislado en la historia de nuestro planeta, que a lo largo de su largo peregrinar por el cosmos ha sufrido infinidad de choques con diversos cuerpos celestes. Pruebas palpables son los cráteres meteoríticos que existen en todo el planeta.

En 1980 el físico Luis Alvarez y su hijo el geólogo Walter Alvarez, de la Universidad de California en Berkeley, lanzaron una hipótesis en la que se atribuía la desaparición de los dinosaurios hace 65 millones de años a la colisión de un cometa o meteoritos con la Tierra. Los Alvarez encontraron en varios lugares del mundo, en la parte superior de la capa del Cretácico, una cantidad de iridio sorprendentemente alta. Algo tenía que haber ocurrido para que tal proporción de ese escaso metal se depositase sobre la superficie de nuestro planeta en un momento determinado. Los científicos de Berkeley encontraron la explicación en el hecho de que algunos meteoritos son ricos en dicho metal. Ello les llevó a pensar que la anormal concentración de iridio en los estratos correspondientes a hace 65 millones de años podrían ser la huella que dejó una fuerte lluvia de meteoritos.

Según los Alvarez, la catástrofe no se limitó a la colisión de objetos celestes con la Tierra. Durante mucho tiempo, quizá meses o incluso años, nuestra atmósfera contó con una gran cantidad de polvo en suspensión. Y llegó la penumbra. La luz del Sol, al reflejarse en el polvo de las altas capas de la atmósfera, no llegaba a la superficie terrestre con la intensidad acostumbrada. Las temperaturas descendieron, las plantas murieron, los animales se quedaron sin comida,... y los dinosaurios desaparecieron de la faz de la tierra. Con el paso del tiempo, el polvo fue depositándose sobre la superficie del planeta y dio lugar a una capa bastante uniforme con una anormal proporción de iridio.

Es posible que ésta no sea la auténtica historia de la desaparición repentina de los dinosaurios. Al menos hay que contar con el volcanismo del Deccan como elemento coadyuvante. Tal vez, simplemente desaparecieron poco a poco, en el transcurso de millones de años, siendo sustituidos por animales mejor adaptados al medio. Pero lo indudable es que la capa de iridio existe. Un meteorito chocó hace 65 millones de años, y otro -casi con seguridad- hace 250 millones de años, ¿no puede volver a ocurrir en cualquier momento, provocando esta vez la extinción del género humano? ¡He aquí el verdadero peligro de los cometas! Como decía Clarke al inicio de este capítulo, puede que una catástrofe de tal magnitud no ocurra en miles de años, pero puede que suceda mañana.

Puede que suceda mañana.

¿Cómo saberlo? ¿Cómo evitarlo?

El primer paso a dar consistirá en concienciar a los gobiernos de todo el mundo de que el peligro existe. Y ponerse a trabajar inmediatamente en la elaboración de un sistema de vigilancia que permita detectar cualquier gran objeto celeste que se aproxime peligrosamente a la Tierra.

El siguiente paso consistiría en lograr un sistema de vigilancia realmente efectivo, lo cual es difícil si tenemos en cuenta que la simple detección de la mayoría de estos cuerpos celestes requiere grandes esfuerzos. Neil Hulkower, miembro del grupo de proyecto de ingeniería del Laboratorio de Propulsión a Chorro de Pasadena, California, ha dicho: "Es que no sabes lo que puede matarte. Hay un montón [de cometas y asteroides] allí fuera que son demasiado débiles o demasiado pequeños para que puedan verse, y uno de ellos puede tener nuestro nombre escrito sobre él. Hemos identificado 78 asteroides que han cruzado la Tierra en marzo, pero éstos no son más que el diez por ciento de la cantidad total que debe preocuparnos". [9]

En julio de 1.981, la NASA a organizó una conferencia en Snowmass, Colorado, a la que asistieron astrónomos, geólogos, expertos en armas nucleares, miembros del Departamento de Defensa, etc.. Del contenido de dicha reunión no se ha filtrado nada a los medios de comunicación. Parece pues que el tema interesa en círculos científicos.

Los especialistas piensan que para apartar un objeto que se aproxime peligrosamente a nuestro planeta hay que hacerlo en el momento justo. Cuanto antes sea detectado el cometa o meteorito menos explosivos harán falta para evitar la catástrofe. Cualquier cambio de velocidad en el objeto celeste hará que éste varíe su rumbo y, por lo tanto, no colisione con la Tierra. Si se tuviera que emplear armamento nuclear, el peligro residiría en que el cuerpo celeste se fragmentara y pudiera producir una catástrofe aún mayor.

Dejemos a un lado naves extraterrestres, antimateria, agujeros negros,... La explosión ocurrida en Tunguska en 1.908 parece que fue ocasionada por un fragmento del cometa Encke -otros dicen que un meteorito- y devastó una zona limitada de Siberia Central. A no ser que pongamos los medios oportunos, la próxima vez el desastre será de mayor magnitud porque, como dice Calder, "un día la Tierra colisionará con un cometa resplandeciente, o bien con su cadáver apagado, y el resultado será una catástrofe mundial". [7]

Consuelo

La ciencia no da consuelo. Ni tan siquiera ofrece certidumbres.
Ni siquiera puede asegurar que fue un cometa.
Para algunos esas incertidumbres son tan enormes que prefieren pensar en Naves Extraterrestres (PONEBID).


BIBLIOGRAFIA





[1] Clarke, Arthur C.: Cita con Rama. Trad. de Aurora C. Merlo. Ultramar Editores (Col. "Ultramar Bolsillo", nº 31). Madrid 1.982.

[2] Sagan, Carl: Cosmos. Trad. de Miquel Muntaner i Pascual y Mª del Mar Moya Tasis. Editorial Planeta (Col. "Documento", nº 86). Barcelona 1.982.

[3] Hobana, Ion; y Weverbergh, Julien: Platillos volantes tras la cortina de hierro. Trad. de Ariel Bignami. Javier Vergara Editor (Col. "Lo Inexplicable"). Buenos Aires 1.978.

[4] Oberg, James E.: Ufos & Outer Space Mysteries. A
sympathetic skeptic's report
. Donning Company Publishers. Norfolk 1.982.

[5] Danyans, Eugenio: Ovnis: Enigma del espacio. Editorial Plaza & Janés (Col. "Realismo Fantástico", nº 79). Barcelona 1.980.

[6] Faber Kaiser, Andreas: Fuera de control. Crónica extrahumana moderna. Editorial Planeta (Col. "Documento", nº 147). Barcelona 1.984.

[7] Calder, Nigel: ¡Qué viene el cometa!. Trad. de Antonio Desmonts. Editorial Salvat (Col. "Biblioteca Científica Salvat", nº 10). Barcelona 1.985.


Observación: esto son notas que utilizo en mis programas. No están bien escritas. Son a vuela pluma. Si le interesa el tema, puedo prepararle una versión más elaborada.

Enviado por flexarorion a las 01:00 | 20 Comentarios | Enlace


Referencias (TrackBacks)

URL de trackback de esta historia http://ciencia15.blogalia.com//trackbacks/20775

Comentarios

1
De: Pérez Fecha: 2004-08-13 14:01

Lo que parece seguro es que, si se trataba de una nave espacial, no era muy portentosa la jodía.



2
De: de flexarorion para pérez Fecha: 2004-08-13 17:53

No hombre no; según los creyentes lo han hecho a propósito para algo, vaya usted a saber para qué: para darnos un susto, para manifestarse a los creyentes, ... ¡que sé yo!



3
De: Dr. Death Fecha: 2004-08-13 20:38

Excelente el artículo. Solo una precisión, la hora del meridiano de Greenwich, ¿es la de los países con dos dedos de frente que se reparten a lo largo de éste o a ese país que se obceca en tener una hora más porque son más chulos que nadie?



4
De: bla Fecha: 2004-08-14 10:06

Enhorabuena por el artículo. Muy bueno.



5
De: Salva Fecha: 2004-08-14 10:23

¡Excelente exposición!
Solo recalcar que los restos de cometas que impactan con la tierra son muy comunes, hace unos dias vimos las perseidas, que son restos del cometa Switf-Tuttle.



6
De: blanca bee Fecha: 2004-08-15 13:50

pero... no se encontraron restos minerales... así que tampoco hay prueba empírica de que fuera un cometa, no?



7
De: chuta Fecha: 2004-08-17 04:14

No me gusta nada el artículo, el autor da demasiadas cosas por sentado, como si supiera que fue un cometa, o restos de tal? Se han encontrado pruebas evidentes de que habia hierro en formas de barra de metal, de un metal con minerales desconocidos, con que , QUIEN SABE? Estamos solos? En la web de la cadena ser, se certifica la informacion que digo. CHAO



8
De: AURORA Fecha: 2004-09-11 17:11

ME GUSTARIA SABER QUE ONDA CON EL METEORITO
O ASTEROIDE QUE CAERA EN LA TIERRA E ESCUCHADO VARIOS COMENTARIOS ME PODRIAN EXPLICAR LA NUEVA INFORMACION AL RESPECTO
GRACIAS.



9
De: nadia yagual Fecha: 2005-02-01 17:36

tienen que buscar a Dios sobre todas las cosas y venga lo que vnga no van a temer porque el Señor tiene en sus manos a este mundo.



10
De: SEPE Fecha: 2005-04-22 12:51

Pues mira, si la sulución es ponernos en las manos de dios, nos podemos dar por jodidos.

Excelente artículo.



11
De: HFMR Fecha: 2005-09-15 05:40

http://es.wikipedia.org/wiki/Evento_de_Tunguska



12
De: HFMR Fecha: 2005-09-15 05:41

http://es.wikipedia.org/wiki/Evento_de_Tunguska



13
De: margo Fecha: 2005-09-30 18:58

SEGURO QUE DIOS NO CREO TODO EL UNIVERSO SOLO PARA NOSOTROS



14
De: manu Fecha: 2006-05-12 09:54

me gusta mucho pero mucho pero mucho



15
De: paco Fecha: 2006-06-17 03:26

chupame la pìja



16
De: jonathan Fecha: 2006-08-03 21:10

muy bueno el articulo. pero hay otras teorias que dicen que se en contraban cerca del lugar cuando la nave aparesio y no en meteorito como se dice... ¿q1ue dices a eso?



17
De: thezabel Fecha: 2006-08-12 09:11

¿porque dudar de lo que no se conoce? ¿si se duda de lo que se conoce? no es ficcion,no es imaginacion es la realidad de lo que se ve. ¿porque tener miedo a lo desconocido, si lo desconocido te conoce a ti y no te tiene miedo?



18
De: Clark Fecha: 2007-01-02 01:12

¿Desde cuando los cometas estallan antes de impactar?

¿Y como es que ningun astronomo pudo con antelación predecir semejante suceso?

Creo que lo realmente irrracional es tomar posturas de descarte en asuntos que no estan lo suficientemente claros y donde la ciencia solo atina (con todo respecto) a dar explicaciónes normalizadoras y sin sentido.

El mundo de hoy esta a la espera de una nueva ciencia que de verdad investigue los casos enigmaticos con las herramientas pocas o muchas que poseea sin ningun temor ni prejucio de llegar a una conclusión de "NO SE SABE"

La ciencia es solo un instrumento para hallar respuestas no tiene por que ser algo infalible. tomarlo como tal es un retroceso, es volver a la edad media donde todo tenia un sostén RELIGIOSO INCUESTIONABLE.

LA PREGUNTA SERIA ¿POR QUE NO? ¿porque no pueden existir cosas que se escapen a nuestro razonamiento y metodos de comprobación?

¿Ni es valido cientificamente ni mucho menos filosoficamente pensar que el mundo que nos rodea tenga necesariamente que tener un comportamiento acorde con nuestro razonamiento. sobre esto cualquier astronomo puede dar testimonio de que la observación del universo y nuestro razonamiento derivado de este proceso se basa en las apariencias.

¿No hemos llegado a la cima del conocimiento? ¿O SI?

Mas bien todo lo contrario.


Un saludo cordial.
clark varoni.


Mail:
Clarkr2010@yahoo.com



19
De: py Fecha: 2007-04-04 04:13

dudo que seamos los unicos en algo infinito como es el universo,si los unicos en destruir nuestro unico habitat,pero esto es estupido,realmente una idea humana,



20
De: Anónimo Fecha: 2007-04-16 05:54

KKHJHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH



© 2002 flexarorion