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El hotel del otoño 2004-04-08



No se habla nada de ciencia.
Habitualmente mis bitacoras son de ciencia. Ésta es una excepción

Eran las dos de la tarde en la frontera entre Uruguay y Brasil. Estaba en Chuy, una ciudad uruguaya que hace frontera con Brasil.




Es un pueblo curioso, un pueblo fronterizo: hay una larga calle. Como todas las calles, tiene casas a un lado y a otro. Un lado es Uruguay y otro lado es Brasil.

Es un placer extraño ir a tomar una cerveza en Uruguay, cruzar la calle e ir a ver una tienda en Brasil, volver a cruzar y comprar un periódico en Uruguay -por cierto, en un futuro próximo publicaré una copia de ese periódico-, volver a comer a Brasil...

Sin darnos cuenta nos encontramos en un hotel en Brasil.

Necesitaba imperiosamente un cibercafé, una conexión a Internet. Tenía que intervenir en la radio y no había enviado aún el guión.

En el otro lado de la calle, es decir, en Brasil, había un hotel estupendo, con piscina y habitaciones muy buenas...

-¿Y el precio?

Que quieres que te diga: ridículo: dos personas con desayuno (buffet libre) incluido, con piscina climatizada: 24 euros la noche.

¿Cada persona?

No. Las dos personas.

PERO

¿Pero, qué?

Que no tenía Internet. Y -os recuerdo, amiguitos- que necesitaba IMPERIOSAMENTE una conexión para enviar el guión de dos de mis programas de radio.

-¿Internet?

-Claro que tenemos y se lo dejaríamos muy gustosos pero... pero la conexión es por radio y está fallando; lleva todo el día sin funcionar.

Todo el día sin funcionar en Brasil. ¿Y en Uruguay?

-¿Un cibercafé?

¿Un cibercafé? No, no, en Chuy no hay. Tal vez, si van al sur... hay un complejo hotelero donde tienen Internet.

Nos fuimos al sur. Llegamos al complejo hotelero. Un hotel estupendo, en mitad de un bosque. Maravilloso. Baratísimo (6 euros por persona), bastante cerca de una impresionante playa.

-¿Podría conectarme a Internet? Necesito enviar un mensaje -que está en mi portátil- a Madrid.

--No funciona. Lleva todo el día sin funcionar. Hablan de una avería en Montevideo. No hay ningún inconveniente en que lo utilice, pero NO hay conexión.

Necesito Internet.

Vamos al sur, al sur, al sur...

Llegamos a San Carlos y en mitad de la calle encontramos Cybersohop (Carlos Acal esquina 18 de julio).

-¿18 de julio?

Sí 18 de julio. ¡Qué malos recuerdos me traen esa fecha! Pero no, no, no... no es el 18 de julio franquista, es otro 18 de julio.

El cyber es baratísimo: 60 céntimos de euro la hora. 3 céntimos la impresión de color.

Termino el guión de mi programa en dos horas.

-¿Factura?

Factura. ¿Para dos horas de Internet? No, no hacemos.

Habrá que cenar. Es tarde. Son casi las 11h30m de la noche.

Encontramos un restaurante abierto. Carne. Vino tinto con uva tannat. Estupendo. Dulce de leche.






-¿Que qué es el dulce de leche?

¿Recuerdas aquella crema espesa -marrón- que te hacía tu abuela con leche condensada hervida al baño Maria durante dos horas? Pues eso.

Hay que buscar hotel.

¿A dónde vamos?

Circula, dando vueltas por la ciudad, hasta que veamos el letrero de Hotel.

Para, para... ¿no ves allí, a la derecha, un Hotel?

Si.

Vamos.

¿Cuánto es la noche?

¿6 euros por persona?

Entramos, pagamos,...

La señora que nos atiende es muy mayor. Amable, pero con una inmensa carga de años.

Vamos a la habitación. Nos da las buenas noches.

Nada sabemos de su vida. Nada sabemos de esa mujer, mayor, muy mayor, que nos atiende y nos sonríe con desgana. Está cansada.

Al fondo aparece alguien que yo interpreto como su marido. Está sin afeitar. Descuidado.

Sus caras tienen rasgos de tragedia. Probablemente podrían contarnos una historia interesante; lo mismo que las paredes del hotel. ¿Cuántas tragedias, cuántas alegrías, cuántas noches de amor, cuántas noches de descanso esconden sus paredes?

En los hoteles de otoño me gusta soñar historias de amor, de jóvenes que han visitado la región y necesitan descansar y un poco de sexo. Juventud...

También me gusta soñar amores prohibidos, furtivos; amores de otoño...

En recepción nos mira una señora mayor, sonriente, con cara de cansada. Pero no cansada por el trabajo de hoy. Cansada por la vida. Su ritmo es lento, como de otoño. Pero...¿qué historias de amor esconden sus canas? ¿Qué historias de pasión esconden sus sonrisas?

¿Qué pensará de nosotros -sus huéspedes-? ¿Pensará en historias de amor? ¿Pensará en historias oscuras -mi apellido y el de mi acompañante es diferente-? ¿O tal vez la rutina haya hecho que no piense en nada?

Tablas con carcoma, sofás con fundas marrones, paredes forradas de madera, suelos con azulejos también marrones pero un poco más claros, ... Todo muy otoñal.

Otoño.

Enviado por flexarorion a las 01:00 | 2 Comentarios | Enlace


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Comentarios

1
De: laura morales Fecha: 2006-05-22 19:20

para mi proyecto



2
De: laura morales Fecha: 2006-05-22 19:21

tarea de mi proyecto de grado



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