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El canon a las bibliotecas 2004-03-04



Una historia de futuro ficción.

Año 2020.

La historia, como ya hemos contado en clase, empezó en el año 2004. Los autores consiguieron que cada vez que las bibliotecas públicas prestaran un libro suyo tenían que pagar un canon de derechos de autor al autor.

Todo empezó muy bien y los autores vieron como sus cuentan corrientes crecía; pero...

Los bibliotecarios empezaron a reclamar que las bibliotecas se habían convertido de servicio público en un escaparate de venta de los autores y que, por tanto, ellos querían cobrar por su trabajo de venta. No tenía porqué ser en salario, podía ser -por ejemplo- en que el autor que quisiera que sus libros se prestaran los diera GRATIS a las bibliotecas.

Así empezaron a hacerlo y el primer resultado fue la caída de las pequeñas editoriales de temas minoritarios. De todos es sabido que muchas pequeñas editoriales -y sus autores- vivían de tener un número fijo de ejemplares vendidos a las bibliotecas. La venta casi segura de 2 000 ejemplares permitía hacer una edición de 4 000 y tratar de venderla.

Al tener que regalar la edición, esas pequeñas editoriales de temas minoritarios cayeron estrepitosamente. Y con las editoriales los autores.

Cada vez para poner un libro en el mercado era más difícil. No sólo es que había que enviar GRATIS los libros a las bibliotecas, es que antes, mucha gente, iba a la biblioteca, miraba el libro y después lo compraba. LUEGO, el préstamo en las bibliotecas se hizo mucho más rígido puesto que cada libro prestado significaba un pago. Y los compradores potenciales disminuyeron.

Tanto pago hizo que las bibliotecas públicas se las vieran y se las desearan para poder sobrevivir, por lo que pronto reclamaron lo siguiente: 'Ya que somos un escaparate de venta' no sólo queremos que quien quiera vender derechos de autor nos de los libros gratis, queremos cobrar por publicidad'. Empezó a ocurrir que las bibliotecas -primero, las importantes, aquellas con cientos de miles de lectores, luego las demás- no aceptaban libros a menos que hubiera un pago de un canon por publicidad.

Ni que decir tiene que la editoriales medianas pronto cayeron en la ruina. Editar un libro y lograr que estuviera en los escaparates era una labor muy cara. Tan cara que no arriesgaban con nuevos temas, nuevas firmas o autores no reconocidos.

El resultado fue una contracción brutal del número de autores y la caída de muchas de aquellas editoriales.

Las grandes editoriales que sobrevivieron sabían que tenían que ir a un público muy extenso para poder pagar los crecientes precios de edición. Cada vez los temas elegidos eran los que ya tenían garantizado un público fiel. Se evitaban temas que pudieran herir a una gran parte del público; se hacían textos válidos para todo el mundo; se evitaban controversias y se eliminaban los temas un poco raros...

El resultado fue una tremenda concentración de editoriales y de autores. Sólo unos pocos autores vendían, sólo unas enormes editoriales (¿de Hollywood?) eran capaces de sacar nuevos productos. Reiterando: productos bastante insulsos debido a todos los condicionantes.

El resultado final ya lo sabéis, queridos alumnos, los libros no se diferenciaban de las películas, no había nada de reflexión profunda en ellos, nada de temas espinosos, nada de temas o lenguas minoritarias...

Y la gente se pasó al cine y dejó los libros.

Enviado por flexarorion a las 01:00 | 0 Comentarios | Enlace


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