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La frígida de corazón ardiente 2002-05-22

La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira, mira.
El niño la está mirando.
En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.
-Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.
-Niño, déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.

-Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.
-Niño, déjame, no pises
mi blancor almidonado.
El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño
tiene los ojos cerrados.

*

Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.

Cómo canta la zumaya,
¡ay, cómo canta en el árbol!
Por el cielo va la luna
con un niño de la mano.

Dentro de la fragua lloran
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
El aire la está velando.
------- Federico Garcia Lorca----

Diálogo del corazón helado

No me diga que no se le ha quedado el corazón helado.
No sé para ustedes, pero para mí la Luna es fría. Sobrecogedoramente fría. Esas noches sin nubes, con la Luna brillando alta en el cielo, límpida, la miro y siento como si en mi cuello llevase un collar de hielo y en mi corazón un congelado camafeo de coral blanco.
Miro a la Luna con su cara atacada con viruela de asteroides, maquillada con polvos de meteorito y ungüentos de cometa. La miro. Me fascina. Me gusta. Sobre todo en las noches de verano o de principios de otoño. Pero me parece fría.
Sin embargo una reciente noticia hace pensar en que, tal vez la Luna, tenga un corazón que palpita enamorado.

Un amor de 33 años

La historia comenzó hace 33 años, cuando los primeros seres humanos llegaron a la Luna. Fue la tripulación del Apollo 11, en Julio de 1969, la que dejó en la superficie de la Luna unos reflectores láser que siempre devuelven la luz en la misma dirección que la reciben. Más tarde fue el Apolo 14 en febrero de 1971 el que dejó otros reflectores, en julio de ese mismo año fue la tripulación del Apolo 15 la que dejó más reflectores. Pero no sólo han sido los astronautas los que han dejado espejos reflectores; en noviembre de 1970 y en enero de 1973 naves automáticas soviéticas dejaron espejos fabricados por Francia con la misma misión: reflejar rayos láser emitidos desde la tierra.

Espejos que devuelven la luz al punto donde se emite

Que un espejo devuelva los rayos en la misma dirección que los recibe parece milagroso, pero no lo es, como el lector puede demostrar facilísimamente poniendo tres espejos en las tres paredes de la esquina de una habitación. Tres espejos en tres paredes es un triedro. A continuación póngase una linterna a la altura de los ojos e ilumínese la esquina. Verá que la luz le vuelve a los ojos y se mueva adonde se mueva la luz le sigue.
Este es el método más sencillo. También se puede hacer con seis espejos. La gran ventaja de este tipo de espejos es que no necesitan precisión. Basta casi con dejarlos caer en la tierra (en la tierra de la Luna se entiende) orientado hacia arriba y ya está. Cuando el láser choqué en el triedro, el haz saldrá reflejado en la dirección de la fuente emisora. Todos los espejos dejados en la Luna funcionaron menos uno, el primero automático que falló: ¿cayó dentro del polvo?, ¿cayó boca abajo?

La Luna embarazada

A la luz del láser le cuesta dos segundos y medio ir y volver de la Luna. Bueno, dos segundos y medio más o menos, pues la Luna no siempre está a la misma distancia, y lo que es más, la superficie de la Luna no siempre es igual de lisa. Sí, a veces engorda, como si de un embarazo se tratara.
“Engorda” debido a las fuerzas de marea que la Tierra provoca en ella. Mejor dicho, la Tierra y el Sol y los otros planetas, pero la importancia principal es la de la de nuestro planeta.
Durante estos últimos 30 años se han estado midiendo cada vez con más precisión el “engorde” de la Luna y la conclusión es bastante sorprendente. El abultamiento de la Luna, debido a las fuerzas gravitatorias, según han medido los científicos del Jet Propulsion Laboratory de Pasadena, California, llega a ser de cuatro pulgadas, (malditos norteamericanos que siguen sin usar el sistema métrico decimal, como cualquier país civilizado hace; claro, que ¿quién nos dice que Estados Unidos está civilizado?); cuatro pulgadas, digamos, grosso modo diez centímetros.
Diez centímetros. Diez centímetros. Mucho, demasiado si la Luna fuera de roca dura.
Diez centímetros sugieren que su interior es flexible y parcialmente fundido. Todo apunta a que el corazón de la Luna está derretido de amor, y de calor.

Corazón derretido de amor

¿De Amor, bueno digamoslo en inglés de Love? El matemático de Oxford Augustus Love que estudió la elasticidad creo un índice , llamado –como no podía ser de otro modo-- índice de love, que mide dicha elasticidad.
Pues bien ,índice de love indica que el corazón de la Luna está derretido; derretido por Love.

En el amor siempre queda la duda

El número de love indica lo que acabamos de decir; pero nadie pone la mano en el fuego; ya se sabe que tratándose de cosas de amor, nunca se sabe. El amor es ciego.

Amor o terremoto

Aunque, a decir verdad, las primeras pruebas de que la Luna tenía el corazón derretido de amor, no vino de los láseres, sino de los sismómetros que se dejaron allí. Se dieron varios terremotos (¿o tendríamos que decir lunamotos, en en Marte, martemotos?... ¡qué lío!, prefiero decir terremoto en todos los casos). Los terremotos se producían a una profundidad entre 500 y 600 millas de profundidad. (¡Qué pesaditos los yankees, traduzcamos: 500 millas = 804 kilómetros; 600 millas =966 kilómetros), esto cae más o menos a media distancia entre el centro de la Luna y su superficie.
Pero los sismómetros acabaron sus baterías y lo único que nos queda son los espejos.

La Luna, hija de la diosa Gea y de un vagabundo

Un núcleo metálico fundido apoya la extendida idea de que el origen de la Luna está en un objeto cósmico vagabundo que cuando la Tierra era muy joven chocó con ella. El choque produjo un anillo de detritus (polvo y trozos de roca) que terminaron por juntarse y formar la Luna.
El Dr. Williams y cuatro colegas del Jet Propulsion Laboratory publicaron en el Journal of Geophysical Research que el análisis de los abombamientos apuntan a un núcleo fundido de 370 Km.

La suerte no está echada

Cuentan (mejor dicho, creo que lo cuenta él mismo) que Julio César, al cruzar el río Rubicón, dijo aquello de que “Alea Jacta est”. Recientes estudios de la fuerza gravitatoria de la Luna sugieren que el gran índice de Love no está justificado sólo por un corazón de fuego. La última palabra todavía no está dicha, así que hoy por hoy no podemos afirmar con toda rotundidad que el corazón de la Luna arde de amor. ¿Alea jacta non est?

Pero

Pero me gusta verla, con su luz fría y su polisón de nardos.



Jet propulsion Laboratory

Enviado por flexarorion a las 19:53 | 4 Comentarios | Enlace


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Comentarios

1
De: José Ignacio López López Fecha: 2002-05-25 16:53

La cita de las palabras de J.C. al paso del Rubicón tiene dos versiones: una es la más conocida, 'Alea jacta es', que nos ha sido transmitida por Suetonio, creo que en su 'Vida de los 12 Césares'. Pero Plutarco no dice eso. Él sostiene que lo que César exclamó, en griego, fue: '¡Que vuelen alto los dados!'. No sé qué versión es la buena, pero me gusta más la segunda porque parece más propia de un general joven e impetuoso que confía en su suerte y que tiene el ánimo bien dispuesto para comenzar una batalla o, más bien, una guerra. La primera en cambio parece reflejar un ánimo lúgubre que no va ni con el personaje ni con la circunstancia.



2
De: J. I. López Fecha: 2002-05-25 16:55

Corrijo: Donde dije 'Alea jacta es' quise decir 'Alea jacta est'.



3
De: flexarorion Fecha: 2002-05-25 17:47

Gracias.
A mi también me gusta mucho más lo de ¡Que vuelen altos los dados!



4
De: hola Fecha: 2007-02-05 03:41

hola



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